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 Búhos de Cristal

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Blessure Saignant Souffrí
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Lun Nov 03, 2008 5:38 pm

Mmm... entonces no creo que pueda ser la enfermedad que yo creía, tendré que pensar en otra, pobrecilla...
Por cierto, ¿qué le tiene que pedir a René? ¿Un milagro? ¿Cada persona tiene derecho a uno en su vida y quiere que se lo ceda a ella? No, no es eso, ¿verdad? :/
¿Y de qué se conocen Nayeli y René? ¿es eso lo que quiere que recuerde él? ¿Y por qué sus padres creen que Nayeli y él se conocen?
La verdad, yo también creo que René hiciese lo que fuera por Nayeli, no sé...
¿Pero qué le pasa a Nayeli?¿No se morirá? ¿No? ¿verdad?

Bueno, sigue cuando puedas...
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Jue Nov 13, 2008 8:40 pm

Si René fuese menos metomentodo... esta historia no existiría, sencillamente. Él es... como "mi muletilla", es por él por lo que esta historia avanza. Si no, no pasaría nada, todo el mundo en sus asuntos y se acabó. Creo que en el mundo hace falta gente como él (no quiero decir cotillas que se creen que pueden violar la intimidad de los demás, ojito con esto), hace falta gente a la que le intrigue cualquier misterio, y que no deje correr todo, porque si no nos preocupa nada sobre los demás, terminamos completamente aislados. Poco a poco, es René quien va uniendo a los personajes, porque antes de que él llegara, la mayoría ya se conocían, pero ninguno se habia molestado en hablar con los demás. Como es algo antinatural que la gente cuente tan alegremente su vida, René es mi excusa xD

Y... bueno, supongo que tengo que continuar porque si no pongo más comentario que trozo de historia.

- - -

En sus ojos se puede vislumbrar una extraña agonía. Comprendo que me está contando algo doloroso, un recuerdo que le ha torturado desde que acabó definitivamente. Me pregunto por qué le resultará tan difícil. Tal vez la historia no terminara bien del todo. Poco a poco, entiendo que sus palabras me importan demasiado, que es lo único a lo que me puedo aferrar por ahora. En estos momentos, olvido completamente mi propia existencia, para escuchar lo que tenga que decir a la persona cuyo lugar debo haber robado. Ya no me importa que el tiempo no pase en este sitio, que, a mis ojos, es siniestro; ni que no consiga recordar nada sobre mí. Lo único que tiene relevancia son sus ojos verdes, nublados por la pena, el calmado y continuo timbre de su voz, sus afligidos recuerdos y la esperanza de salir algún día de este extraño maleficio que me aprisiona en una habitación blanca como la cal.

Al menos, he ampliado mi escaso abanico de sentidos, lo que me permite averiguar más sobre lo que me rodea. Hay unas extrañas vías que penetran en mi cuerpo. De hecho, no soy capaz de ver mi propio cuerpo, pero sé que tengo uno gracias a esto, porque siento cómo se meten bajo mi piel. Escucho con mayor claridad las voces al otro lado de la puerta, y me entretienen con sus cuchicheos mal disimulados cuando él no está aquí. Mi vista también es más desarrollada, y puedo ver una especie de ventana, siempre cerrada, en la pared derecha, al otro lado del taburete donde mi extraño acompañante suele sentarse. Los dos lados de mi peculiar camastro tienen una especie de brazos metálicos, probablemente para impedir que me pueda caer. ¡Qué estupidez! Como si pudiera moverme lo más mínimo.
Él –ya que no conozco su nombre, no sé cómo llamarle– se ha quedado aquí gran parte de la noche. Y digo noche porque el otro lado de la ventana sólo me muestra una negrura infinita, y el aplique del techo está encendido, formando de este modo la única excepción en la blancura sin máculas del lugar con su luz amarillenta. No ha hecho otra cosa que hablar en voz baja, no sé si porque piensa que despertará alguien al otro lado de la pared, o porque le duele la garganta. Ambas opciones me parecen bastante probables.

–Sinceramente, a veces creo que es un error estar aquí. –me dice, intentando en vano ocultar esa tibia amargura que recorre sus pupilas– No tiene sentido alguno que venga todos los días a contarte esta historia que el tiempo no ha logrado deshacer de mi mente. Debería haber intentado seguir adelante, debería haberlo hecho. Estoy seguro de que una persona normal habría enterrado eso en lo más profundo de sí mismo, y habría continuado con su vida. Pero mi vida ha pasado como difuminada delante de mis ojos, sin saber exactamente cuánto tiempo pasaba entre un lapso y otro.
>>No tiene mucho sentido que esté aquí en este preciso momento, y sin embargo no haya aparecido antes. Si te soy franco, nunca se me ocurrió pensar que estuvieras aquí, después de todo lo ocurrido. Pensaba que… –Me mira, con un estado de ánimo tan torturado, que se me habría cortado la respiración si realmente respirara. Entonces, sacude la cabeza, como si estuviera tratando de borrar todo lo que pudieron sus ojos evidenciar– Olvídalo, tan sólo estoy divagando. Lo que quiero decir es que no es justo.

Nada justo.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Vie Nov 14, 2008 6:21 pm

Se me hace raro pensar que es René quién ha hablado, a lo mejor no es él si no otro chico, por cierto, también estoy dudando de que la chica ingresada sea Nayeli, pero tiene que serlo, ¿no?... Mmmm...

¡Ah! Me estoy acordando de Dadou y de la historia del asesino con el cigarrillo, no sé por qué, pero se me acaba de pasar por la cabeza que tal vez exista realmente ese hombre y esté compinchado con el grupo que quiere al chico del que hablaba la profesora con Hugo... Pero serán delirios míos, el asesino salió de la mente de René(que a la vez escapó de la tuya) pero no tienen relación, ¿no?

Por qué el chico que va a visitar a la chica de este trozo(no estoy segura de que sea Nayeli, me estás haciendo dudar) no le ha dicho su nombre? ¿Ella no se lo ha preguntado? Bueno, claro, hay cosas más importantes que saber un nombre, y supongo que le gustará más escuchar lo que le tiene que contar...
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Sáb Nov 22, 2008 12:06 am

Bueno, técnicamente, la chica que está ingresada no le pregunta por su nombre porque no puede hablar.

Sigo un poco... Siento que el trozo sea tan largo y no haya nada de diálogo...

- - -

6

René salió poco a poco de su ensimismamiento. Se había quedado mirando absorto la hoja de cuadros que tenía ante sus ojos verdes, sobre el moderno escritorio de su habitación. Papel de cuadros. No, no era lo más adecuado para una carta, pero lo cierto es que le importaba muy poco que el mensaje estuviera presentable. La cuestión era escribirla o no, enviarla o no; y por el momento, ni una sola gota de tinta manchaba su superficie. Vamos, René –se apremió en su fuero interno– ¿Te pasas el día escribiendo en un cuaderno sobre historias ficticias, pero eres incapaz de decir nada en algo real? Es patético.

Sí, esa aseveración era más bien deprimente, pero no consiguió apartar la idea de la cabeza. Tal vez, ni lo intentó.

No sabía cuánto tiempo había estado así, observando aquel papel sin máculas, pluma en mano y mente en blanco, de modo que su mirada buscó el reloj digital al que tan poca atención solía prestar. Los números verdes mostraban una hora que no supo si creerse: las once y trece minutos. Hacía nada menos que tres horas que había “decidido” escribir la carta, tres horas que, al fin y al cabo, había perdido por completo, se habían desvanecido. Es más, si uno era infausto, podría decir que había tirado tres horas de vida, que le quedaban tres horas menos. He aquí otra afirmación deprimente. Escogió no ser pesimista en ese momento, ya que tenía todo el tiempo que le restaba para serlo, y aquellos pensamientos no le animaban más.

Bufó, frustrado porque no se le ocurría nada alegre en lo que distraerse, y rehusó de seguir mirando el papel como un ganso. Se levantó con una disposición de la que no estaba muy seguro de disponer; como si pretendiera demostrárselo a sí mismo, y se dirigió hacia el salón del apartamento. Tuvo que tantear la pared hasta dar con el interruptor.

La luz de la lámpara colgante del techo se encendió, inundando súbitamente la estancia con una agradable luz amarillenta. Las paredes estaban pintadas de un cálido tono vainilla, y había un gran ventanal cubierto por una ligera y sencilla cortina blanca. El sofá de tela tenía un color similar al café con leche, y estaba frente al mueble de caoba que sostenía el televisor de plasma y algunos libros desperdigados por sus compartimentos en forma de estante. Junto al sofá había una pequeña mesa de cristal y madera, en la que sólo cabían el teléfono inalámbrico, una cesta con los mandos del televisor, el DVD, la cadena de música –entre otros cuya finalidad René desconocía– y el listín telefónico. Al otro lado de la habitación había más estanterías repletas de libros, aunque en su mayoría se trataban de libros de recetas o relacionados con la hostelería. Eso ya lo había comprobado, además de encontrar muchas novelas.

René se arrojó al sillón, atrapó uno de los mandos de la cesta. Al principio no estuvo seguro de qué hacer con el aparato que sostenía en la mano izquierda. A esa hora, no es que hubiera nada excesivamente interesante que ver, cosa que de todos modos, no podía asegurar con certeza ya que no conocía muy bien la programación.

Se quedo así, hundido entre los cojines y mirando el televisor como si él solito fuera el causante de todos sus problemas propios, de la crisis económica y, probablemente, también del hambre en el mundo. Al cabo de un rato de dirigir su ira contra la reluciente pantalla negra que parecía vigilarle, apretó el botón rojo y redondo del mando para encenderla, rendido ante su violenta cruzada.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Lun Dic 01, 2008 12:32 am

¿Para quién era la carta? ¿Nayeli? ¿Suzanne? ¿Incluso para sus padres? No, no creo, no se lo pensaría tanto si fuese para ellos, es decir, no se lleva muy bien con ellos(por cierto, ¿por qué? ¿qué hicieron para que René los odie tanto y estén en la cárcel?)... Incluso puede que la carta fuese para Dadou, ¿no verdad? Es una cosa que se me ha pasado, pero no...
¿Y qué tenía que escribir en la carta? No se me ocurre nada de lo que quisiera escribir, ¿una declaración de amor? O.O Es lo único... pero no creo, no está enamorado de nadie, y no sé... me cuesta pensar que se comía tanto la cabeza para decirle: te quiero a alguien, aunque sé que muchos lo hacen, pero creo que es otra cosa... Mmmm...
No se me ocurre nada... scratch
Bueno, ¡actualiza cuando puedas!

Buff... espero que no tengas muchos exámenes juntos, o que no sean muy difíciles, estas son las últimas semanas... X.X
Pero no era por esto por lo que quería poner una letra más pequeñita, sino para decirte que el texto de: Un blues para los fracasados, me ha gustado mucho, y tenía que decirlo.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Lun Dic 01, 2008 4:28 pm

Jaja, no, no era una declaración de amor. Aunque creo que si fuera eso, se comerá aún más el coco xDD Aunque en algo sí acertaste...

Sí, exámenes, trabajos... pero es soportable xD y no soy la única que los tiene, me imagino, así que dejo de quejarme u.u Por cierto, me alegra que te gustara el blues Very Happy ¿Dónde lo leíste?

Sigo... siento que estos trozos sean tan aburridos (no es que la escena de René fulminando con la mirada al televisor de su casa resulte muy emocionante u.u) Pero ahora empieza a haber bastante más texto descriptivo que antes, así que... lo siento. Embarassed En este trozo aparece un sueño nuevo, así que es

- - -

En el primero de los canales que apareció, un hombre de sonrisa inquietante le hablaba de las maravillas que había obrado la pasta de dientes que anunciaba. Haciendo una mueca, cambió de canal, al tiempo que se preguntaba cómo tendría ese desconocido la boca antes de descubrir el maravilloso invento que constituía el dentífrico. En el siguiente canal retransmitían una cruenta e inverosímil lucha entre dos enormes masas de músculo y piel enmascaradas. Vestían con unos sudados calzoncillos, y alrededor del “ring”, una marea apabullante de gente se daba empellones y gritaba. Con otro gesto de aburrimiento, pulsó otro botón, y la pantalla le mostró esta vez a unos personajes estrafalarios, con nombres estrafalarios y ropas estrafalarias, en el cenit de una acalorada discusión. Una telenovela, pensó René.

Dejó ese programa un rato, porque pensó que sería más agradable escuchar los absurdos problemas de aquellos comediantes que prestar atención a los suyos, más absurdos aún.
Se equivocó, no le resultaba nada agradable. Cuando se hartó de escucharles, apagó definitivamente el televisor. La última escena que presenció fue una difícil bofetada en la que el abofeteado giraba la cara medio segundo antes de que la mano del otro le rozara.
Resopló de nuevo, ésta vez más irritado que antes. No creía que los dirigentes de cada cadena televisiva se hubieran confabulado en su contra para hacerle la vida imposible, pero sin duda lo estaban haciendo fenomenal. Y sin querer. Seguro que eso él no lo conseguía ni aunque se lo propusiera. Abandonó la habitación y apagó la luz, no sin antes dedicarle una última mirada asesina a la pantalla negra. Ahora, no le quedaba otra que meterse en la cama y concentrar toda su mente en dormir. Sólo había un problema: ¿Podía dormirse uno si estaba concentrado?

Le costó, pero… al parecer; sí.

Era un día de vacaciones. Un… ¿cinco de julio? Sí, cinco de julio. El sol arrojaba sobre el mar, el pueblo y la arena todo su calor y su luz dorada. Pero a René aquel día le disgustaba el sol, la luz excesiva, la calidez de la brisa, el arrullo del océano y hasta el crujido de la arena bajo sus pies. No tenía más de ocho años, y estaba realmente enfadado. Enfadado y aburrido, aunque tal vez su enfado se debiera precisamente al aburrimiento. Seguro que era eso. ¿Cómo no aburrirse, si estaba completamente solo? Sus padres estaban trabajando, la señora Girard –que se suponía, debía cuidarle– estaba en plena siesta, y todos los niños de su clase estaban fuera, de vacaciones. Todos menos él, por supuesto. Le parecía llevar todo un año así, sin nada que hacer, puesto que, como todo el mundo sabe, una de las propiedades del aburrimiento es la capacidad de hace que cada minuto parezca una hora entera. Allí estaba él, fulminando al mar con la mirada y haciendo círculos con los dedos en la arena, cuando vio a una niña a unos pocos metros de él, mirándole fijamente. La euforia recorrió sus venas, pensando que al menos no estaba solo, y podría hablar con alguien. La niña hizo un extraño y antisocial amago de marcharse cuando se dio cuenta de que se dirigía hacia ella, pero finalmente optó por charlar con él. Ella también debía sentirse sola y aburrida.

–Hola. –saludó René con una sonrisilla en la boca, sin conseguir evitar que se le notara la alegría.
Ella asintió levemente con la cabeza. Por un momento, él dudó de si hablaban el mismo idioma, pero poco después sus dudas desaparecieron.
–¿Cómo te llamas? –casi exigió saber ella, con una vocecita de pájaro en la que tal vez no conseguía imprimir la fuerza suficiente como para resultar severa. Ese hecho le hizo enrojecer un poco de rabia.
–René. ¿Y tú?
Sin embargo, la desconocida no pareció darse prisa en contestar. Examinaba su rostro a conciencia, como si intentara descifrar un complejo jeroglífico. René bufó contrariado, preguntándose si tendría que sonsacarle cada palabra de ese modo. Eso no sería tan divertido como había esperado.
–¿Es que no tienes nombre? –insistió, irritado. Le sorprendió la reacción avergonzada de ella, ya que su cara decía que estaba pensándose realmente la respuesta.
Finalmente, sonrió un poco, y dijo un solo monosílabo.
–Li.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Lun Dic 01, 2008 7:24 pm

(: Lo leí en tu blog(muy chulo por cierto; me gustan tus entradas)...

¿El sueño es un recuerdo de cuando era pequeño? ¿La chica es Lilith? ¿Nayeli? ¿Y si Nayeli y Lilith son la misma persona?(Mmmm no, ¿verdad?)
René de pequeño era más o menos como ahora... creo... un poco impaciente o... no sé, pero me gustó, es decir, esa forma de ser...
A lo mejor era esto lo que Nayeli quería que él recordase, esto u otra cosa... Un momento, ¿los padres de ella saben lo de los Búhos de Cristal?

Bueno, sigue cuando puedas...
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Miér Dic 03, 2008 5:57 pm

Razz

–¿Li?¿Y ya está?
–¿Qué más quieres?
–Eso no es un nombre.
–Si yo me llamo Li, significa que Li es un nombre, ¿no?
–Pero Li no es un nombre… –discutió René, en su terquedad.
–¿Por qué no? –ella alzó los ojos al cielo y se cruzó de brazos, mientras articulaba cada palabra como si le estuviera explicando algo muy sencillo a alguien de entendimiento muy corto. Seguro que era eso lo que pensó de él– Tú te llamas René, y yo no te he dicho que no sea un nombre.
–Pero no he oído nunca que alguien se llame Li… Es un nombre bastante raro. –entonces, se calló. A lo mejor era un nombre chino, o coreano, quién sabía. Los ojos de la tal Li centellearon, previendo una victoria en la poco productiva conversación.
–Tampoco es que René sea gran cosa, ¿sabes?

Li tenía unos grandísimos ojos azules que ponían a René ligeramente nervioso, una nariz respingona y unos labios finos y arqueados. Su pelo caía con tirabuzones marrones, que despedían destellos dorados y rojos cuando la luz del sol incidía en ellos. El pelo no llegaba más lejos de los hombros, y lo tenía un poco enmarañado. Era bajita, y muy paliducha. Vestía un vestido color marfil sin mangas, e iba descalza.
A René le parecía como si la conociera de toda la vida, pero no era cierto. Se habían conocido mucho antes.


¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!


El despertador chirriaba histérico sobre su mesa de noche, brindándole tal susto que había dado un respingo en la cama. Murmuró algo ininteligible, aunque, medio dormido como estaba, ni siquiera él supo qué había dicho. Algo poco agradable, probablemente.

Se levantó –sin saber muy bien de dónde sacaba la voluntad– y se dirigió al baño del pasillo arrastrando los pies. Decidió no mirarse al espejo más de lo necesario, porque tenía un aspecto no muy agraciado, algo ambiguo a medio camino entre zombi de alguna película mala de terror y vampiro ojeroso extraído de Drácula. Se lavó la cara un par de veces, y se apresuró mientras se vestía, se peinaba, y desayunaba. Engulló dos tostadas con una dulzona mermelada roja y un zumo de naranja, mientras se devanaba con una inevitable cascada de interrogantes que caían sobre su mente como una lluvia helada. El sueño de la noche anterior no había sido otra cosa que un recuerdo, y la niña que había conocido en ese momento, siete años atrás, era muy parecida a Nayeli y aun más a Lilith. Sabía que a esta última no le había conocido realmente, puesto que aquella escena parecía extraída de varios siglos antes, pero la evocación que su subconsciente había reflotado sobre Li era real, estaba convencido de ello. Por eso no podía ser posible que se tratara de la misma persona, a pesar de la evidencia del nombre y el enorme parecido. Además, había una importante diferencia de edad entre ambas… De todas maneras, todo aquello guardaba alguna relación que René estaba dispuesto a averiguar. Una idea disparatada vadeó sus pensamientos súbitamente. Tal vez, sólo tal vez, fuera eso lo que Nayeli había querido que recordase. De alguna retorcida manera –retorcida porque era necesario espachurrarla y encorvarla para obtener cierta lógica de ella–, esa teoría tenía algo de sentido.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Sáb Dic 06, 2008 1:08 am

xD Me ha gustado lo de que Li no era un nombre y su contestación.
Estoy pensando, ¿Lilith y Nayeli son la misma persona? Lo digo por el parecido y... no sé... S:
Creo que la del sueño es Lilith, porque Nayeli estaba interesada en ella(por cierto, ¿por qué? ¿tiene que ver con los Búhos de Cristal?) y quería que René se acordase de algo(¿eso que quería que recordase el chico tiene que ver con lo que quieren los padres de Nayeli conseguir de él?)...
Ah, estaba pensando un poco más... ¿Dadou quiere lo mismo que los padres de Nayeli? Me da la sensación de que van a explotar a René, mucha gente quiere algo de él...

Bueno, ¡sigue cuando puedas!

Sólo me queda un examen, de Francés, y... ¡Fin! Y a ti, ¿te queda mucho?
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Sáb Dic 06, 2008 1:05 pm

A mí me quedan cuatro exámenes más... pero bueno xD

- - -

Estaba detrás de algo grande, lo presentía, se lo decía el instinto. Recelaba también de una cuestión más: ¿por qué había su mente había desenterrado esos recuerdos justo ahora? ¿Por qué no antes, y por qué lo había olvidado? Porque a la pieza que faltaba del rompecabezas la has conocido aquí. –repuso una voz en un rincón de su cabeza, una voz que le dejó sorprendido. Hasta entonces, había considerado a Nayeli como el rompecabezas, y no que formara parte de uno más grande. Todavía había demasiado que desconocía, demasiadas preguntas y escasas respuestas, sentía que tan solo estaba arañando la superficie de algo que en el fondo sabía, pero su mente se negaba a cooperar. Decidió que tenía que hablar de ello con su compañera, y apenas podía esperar a tener la ocasión de hacerlo.

–¿Te encuentras bien, René?
La voz de Rose le sorprendió totalmente, y al principio no pudo decir nada. Había estado tan concentrado en no perder el hilo de sus exiguas deducciones que había olvidado casi por completo el contexto que le rodeaba. Hizo un esfuerzo por ponerlo todo en orden. Casa, desayuno, Rose y Dóminique. Era lo principal, y supuestamente no debería tener que recordárselo para articular una respuesta un poco cuerda.
Su madre de acogida seguía mirándole con preocupación desde el otro lado de la cocina.
–Sí, sólo estaba distraído. No… tengo más hambre. –logró decir, mientras se deslizaba de la silla y llevaba el plato al fregadero. Las manos huesudas de Rose le detuvieron cuando se disponía a abrir el grifo.
–Déjamelo a mí, vas a llegar tarde.
René se despidió de forma escueta, agradeció la oportunidad de salir de allí inmediatamente, atrapó la mochila y recogió su chaqueta negra abultada del perchero que había en la pared. Metió los brazos por las mangas, subió la cremallera hasta el cuello y enterró las manos en los bolsillos. No le gustaba nada el frío, nunca lo había soportado demasiado. Habría resultado otra razón espléndida para detestar París, si no fuera porque tampoco había tanta diferencia de temperatura entre su pueblo y aquella ciudad atestada. Resopló con impaciencia, preguntándose cómo conseguía que sus pensamientos tomaran siempre caminos tan deprimentes. Podría decirse que era un don especial, o algo así, si se tenía algo de cinismo. Se le ocurrieron un par de personas cínicas que podrían haber puesto voz a esa idea.

Cruzó distraídamente la verja que separaba el recinto del instituto y la calle, observando sin mucha atención cómo los cuatro o cinco árboles de la entrada proyectaban sombras raquíticas y largas, que se desgajaban poco a poco en ramas que apenas conservaban hojas. El otoño no era una estación interesante en demasía, los cambios que se producían eran, en su opinión, bastante negativos. Los árboles perdían su abrigo protector cuando más les hacía falta –si lo veía así, tampoco tenía mucho sentido–, el frío hacía acto de presencia con su adormilada letanía, y el invierno se acercaba, mudo pero amenazante. Además, a él le ponía nostálgico esa estación del año, tuviera o no razón para ello. Qué importan las razones, si no cambian nada.
El edificio estaba detrás de un gran patio que mezclaba zonas de césped con zonas de cemento. La primera planta se alzaba sobre unos escalones, y tras la puerta principal lo único que había era el departamento de Secretaría, corredores y escaleras que llevaban al segundo piso, donde estaban la mayor parte de las clases. En el tercero había más clases, y allí se encontraba el despacho del jefe de estudios y del director, además de la biblioteca. Por último, la azotea. El acceso a ella técnicamente no estaba restringido, pero en la práctica, casi ningún alumno iba nunca hasta allí. ¿Para qué?
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Dom Dic 07, 2008 2:59 am

Pobre, no sé si será pesimista, pero...
La verdad, parece que René se come demasiado el coco, o a lo mejor no tanto como debería(teniendo en cuenta las curiosas personas que le rodean...)
Me ha parecido un poco cómico eso de que se pusiera a recordar lo que tocaba en esa parte del día:

Citación :
Casa, desayuno, Rose y Dóminique. Era lo principal, y supuestamente no debería tener que recordárselo para articular una respuesta un poco cuerda.

Mmmm tiene que ser bonito estar en la azotea, habrá alguien allí de vez en cuando, ¿no? O bueno, puede que no... scratch

Pues la verdad, no sé qué más decir(será que tengo sueño, aquí son casi las una O.O ¿qué hago yo a esta hora con el ordenador?)
Sigue cuando puedas y suerte con los exámenes.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Lun Dic 08, 2008 6:21 pm

Sí, René se come mucho el coco por cualquier cosa... él es así xD

- - -

Nayeli lo sabía y lo aprovechaba, ya que no le gustaba demasiado andar cerca de la gente. René se había percatado de ello muy pronto, pero lo cierto es que no era ella quien rehuía a los demás, sino que era el resto quienes preferían evitarla. Aunque solía comportarse con naturalidad respecto a ese tema, y no le daba mayor relevancia al hecho, estar ahí arriba hacía que se sintiera más segura, lejos de aquella deplorable realidad. A él también le ocurría eso, por lo que no le importaba subir allí cuando no hacía mucho frío.
Por supuesto, Nayeli nunca le había hablado de eso, pero René era muy observador. Había adquirido un poco de práctica en descifrar sus extrañas reacciones en los tres meses que llevaba en el instituto. También había notado la inesperada amistad que se había formado entre ella y Ethan, se comprendían con facilidad y él a menudo revoloteaba a su alrededor. Sospechaba que Nayeli conocía algún secreto sobre él, y las primeras semanas Ethan había estado alerta por si se le había ocurrido contárselo a alguien, pero ya no se temía que lo hiciera. Había forjado una confianza inusitada en ella, y René no era capaz de evitar preguntarse cuál era ese secreto que escondían. Parecía como si su amiga estuviera envuelta en todos los misterios de la ciudad, o por lo menos los más cercanos a él.

–¿No es un poco temprano para andar ya en la luna? –preguntó Suzanne a su espalda, haciendo que diera un respingo. Cuando se volvió hacia ella, se dio cuenta de que iba enfundada en una sencilla gabardina roja y unos vaqueros. Sus manos estaban atrincheradas en los bolsillos, pero más como un hábito que como una prevención contra el frío, como René. A él le costaba creer que no estuviera congelada, pero dejó pasar el tema rodando las pupilas. Tal vez era demasiado friolero.
–¿Tienes que pegarme esos sustos siempre por algo, o es para entretenerte? –inquirió, exagerando de manera teatral el disgusto hasta que ella sonrió más.
–No es culpa mía que siempre estés de espaldas a mí cuando te saludo, ¿verdad?

Anduvieron con aire ausente, en silencio, observando cómo poco a poco el patio exterior se iba llenando de alumnos que se apoyaban en las paredes, y formaban pequeños corros que charlaban animadamente. En su fuero interno, René se preguntaba qué hora sería, y por qué no conseguía ver a Nayeli. Ella no acostumbraba a llegar tarde, aunque después no siempre entrara en el aula…
–A lo mejor está en la biblioteca. –aventuró Suzanne, adivinando sus pensamientos. Una sonrisa jugueteaba en sus labios, enrojecidos por las temperaturas. Parecía encontrar divertida la ansiedad de su amigo. Ciertamente, no se conocían demasiado, pero a ella se le daba muy bien interpretar las expresiones de los demás. Era muy sencillo darse cuenta de ello, puesto que a menudo le preparaba de antemano cuando un profesor estaba de mal humor, o se guardaba su procacidad cuando sabía que no era un buen momento. Esa cualidad resultaba muy útil, aunque también habría que añadir que, cuando consideraba que no tenías un mal día, no había piedad.

–¿Quién? –preguntó René, intentando que pareciera de modo casual, y que realmente no sabía a quién se refería. Obviamente, no funcionó, porque su amiga puso los ojos en blanco.
–Como si no fuera obvio que estás buscando a Nayeli. Seguro que vas a preguntarle algo fascinante que yo no entenderé, como siempre.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Vie Dic 12, 2008 6:24 pm

Nayeli me parece cada vez más misteriosa e indiferente, como si todo le resbalase.
Ethan al final terminará cariño a Nayeli(si no lo ha hecho ya), espero. Parece que ya le da un poco igual que cuente aquello o no, parece que son... ¿amigos?

Citación :
–¿No es un poco temprano para andar ya en la luna?
–No es culpa mía que siempre estés de espaldas a mí cuando te saludo, ¿verdad?
Me gustó esto, no sé, puede que Suzanne no se parezca tanto a Nayeli al fin y al cabo... Tal vez sólo sea en su extraña amistad con René.

Citación :
Ella no acostumbraba a llegar tarde, aunque después no siempre entrara en el aula…
xD ¿Y eso? Jop, Nayeli es muy misteriosa *¬* O a lo mejor no lo es tanto y sólo yo creo que es misteriosa porque casi no sé cómo es...

Citación :
–Como si no fuera obvio que estás buscando a Nayeli. Seguro que vas a preguntarle algo fascinante que yo no entenderé, como siempre.
No sé por qué, pero me dejó O.O esa respuesta.

Bueno, sigue cuando puedas.
Y si te queda algún examen, ¡¡suerte!!
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Dom Ene 25, 2009 10:45 pm

Lo siento, llevo muchísimo tiempo sin actualizar, pero tengo una excusa: Me formatearon el ordenador y estoy copiando la historia de nuevo. xD Sí, mi excusas son un poco a lo grande jajaja.

Bueno, sigo un poco con la historia...

- - -

En el clavo, había dado en el clavo. Y debió de darse cuenta, porque su expresión añadió un “¿Qué te esperabas?”

René se rindió.
—¿Crees que estará en la biblioteca a esta hora? —preguntó, soslayando la incredulidad en su tono de voz.
—O eso, o estará por ahí resolviendo alguna ecuación imposible y dejando en evidencia a la comunidad de matemáticos. ¿Yo qué sé?
Él creyó advertir cierta inseguridad y nerviosismo en sus palabras. ¿Estaba preocupada por algo? ¿En qué estaba pensando?
—… O descubriendo alguna galaxia antes desconocida… —prosiguió. ¿Así que sólo estaba buscando alternativas para su chiste malo?— O pintando una nueva capilla sixtina.
—Voy a subir a la biblioteca por si acaso —anunció René, ignorándola por completo.
—¡Espera! ¿Y no me vas a decir qué es lo que vas a preguntarle?
—Para nada.
—Oye…
Ya no la escuchó más, porque apretó el paso y la adelantó. Ella se quedó atrás, probablemente despotricando, pero no le importó lo más mínimo. Tenía prisas, quería saber qué era lo que tenía que recordar, o si ya lo había recordado. Quería saber más acerca de Lilith, pero no la Lilith del antiguo folclore judío, sino de la chica que tanto se asemejaba a Nayeli. Y también tenía que averiguar quién era aquella niña que había conocido cuando era pequeño.
Subió a la última planta del edificio, y atravesó el corredor hasta que llegó a la puerta que tenía una placa serigrafiada en la que podía leerse “Biblioteca”.
Dentro de la habitación, no había nadie. La estancia era bastante sencilla, con cinco mesas rectangulares rodeadas de sillas en el centro, varias estanterías y un tablón de anuncios medio vacío colgado de la pared. No está.
Justo antes de irse, se dio cuenta de que en una de las mesas había varios libros colocados sin orden ni concierto. Su curiosidad pudo con él y se acercó a ver cuáles eran.
Le sorprendió que todos fueran sobre lo mismo. Lilith.
En ese momento, sus pensamientos se interrumpieron cuando escuchó que lo llamaban por megafonía. ¿Qué…?
Cogió el primer libro que tenía a mano, apuntó su nombre y el título de lo que se llevaba —“La verdadera historia de Lilith”— en la lista clavada en el tablón de corcho, lo introdujo en su mochila y se dirigió al despacho del jefe de estudios, donde lo habían llamado.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Jue Feb 19, 2009 3:48 pm

Vale, YA SÉ que no debería actualizar si no hay comentarios porque si no se hace un tocho muy cansino... pero lo siento, me emociono yo sola, y tengo muchas ganas de que llegue la parte en la que sale mi amado Hugo (soy un pelín posesiva y maniática con mis personajes, también lo sé). No puedo esperar, lo siento u.u

- - -

Por el camino, el rumor de sus pasos sólo consiguió ponerle nervioso. ¿Por qué lo habían llamado? Estaba inquieto, pero esa no era la única razón por la que lo estaba.
Presentía que, con cada paso, se acercaba un poco más al peligro de la verdad.

Un poco más.

Escuchó fuertes gritos desde dentro de la sala, y reconoció la voz de Suzanne. También había una voz suave, correcta, aterciopelada y profunda como un abismo, que hablaba con normalidad. La voz desató un estremecimiento sobre René, que se quedó plantado en el sitio de inmediato.
—Entra, Dómine.
El que le había llamado no fue ninguno de los anteriores, pero su tono fue tan autoritario que a él no se le pasó por la cabeza desobedecer. Abrió la puerta y echó una mirada cautelosa al interior.
—Con permiso —articuló, de tal modo que casi parecía una pregunta y apenas era audible.

Una alterada Suzanne con expresión de locura le dirigió una mirada furibunda. Oh, oh, algo va mal.
La habitación era pequeña, sobria y formal. Impersonal. No había ni una sola foto, ni un solo objeto que no se tratase de un utensilio indispensable en un despacho, absolutamente nada que perteneciera a un ámbito más íntimo del director. Ni siquiera un cuadro en las paredes, una licencia, nada. Todo era como si estuviera expresamente colocado en su lugar correspondiente. Era un despacho de revista, irreal. En el centro había un pesado escritorio de madera oscura, y en la pared había una puerta lateral idéntica a la que había atravesado un segundo antes.

Un hombre le esperaba con una falsa sonrisa colgando de sus gruesos labios. Aparentaba cuarenta y tantos años, tenía unos desconfiados ojos grises, cejas prominentes que ya empezaban a encanecer, barba de tres días y una nariz aguileña que podría servirle también de perchero. Tenía los hombros hundidos, como dos abruptas depresiones, manos rechonchas; y llevaba un elegante traje azul petróleo.
—Buenos días, señor Dómine —a René no terminaba de gustarle ese hombre y su manera de llamarle por el apellido—. Tengo entendido que usted es compañero de clase de las señoritas Monnet y Bennet —hizo una pausa al darse cuenta de la confusión en el rostro del alumno. ¿Monnet y Bennet? ¿Y esas quiénes…?
De refilón atisbó cómo Suzanne hacía una mueca de exasperación. ¡Claro! Ellas dos. Se percató de que aún continuaban mirándole, así que asintió en silencio, preguntándose si era tan extraño que no se acordara de los apellidos de todo el mundo.
—En tal caso —prosiguió el hombre sin esperar más por la mente poco lúcida de René—, espero que puedas llevarle a Monnet los apuntes de los próximos días. ¿Sabes dónde vive?
—Sí —respondió sin pensar.
El director no pareció sorprendido. O no tanto como Suzanne, que había abierto desmesuradamente sus ojos obsidiana y escuchaba estupefacta.
—Me alegro. Entonces podrás ayudarla. Se lo pedí a ella —señaló a la muchacha con una mirada irritada—; pero al parecer no lo sabía.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Vie Feb 20, 2009 10:26 pm

O.O No me había dado cuenta de que habías actualizado, y eso que he estado pensando en la historia X.X...

Creo que en el último trozo me perdí, Monnet y Bennet son Nayeli y Suzanne, ¿o...? Es que no lo he pillado, a lo mejor soy cortita, yo pregunto...
¿Hugo? O.O ¡Creo que ya me acuerdo! ¿Era el chico con el que hablaba la profesora por el móvil?
No sé, en este trozo me ha dado la impresión de ver a otra Suzanne... era diferente a antes, más... ¿alegre? ¿abierta? No estoy segura, pero estuvo distinta...(a lo mejor soy yo, y en realidad estaba como siempre)...
Por cierto, el director no me ha caído bien, demasiado ¿"perfecto"? para mí ¬¬, cuando has descrito el escritorio, creía que era el de un maniático o... el de alguien que se toma muy en serio las formalidades o el trabajo... S:
Bueno, pues... sigue cuando puedas... intentaré ver si actualizas, soy un desastre >.<'''
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Lun Feb 23, 2009 12:47 am

Sí, son Nayeli Monnet y Suzanne Bennet. Ya sé que los apellidos son muy parecidos, seguramente los cambie.

Jajaja, ya estamos muy cerca de ver a Hugo ^^ Me emociono xD. Soy la fan número uno de Hugo, y eso que lo creé yo y no debería decirlo u.u Y además, es el malo y tal, pero... me da lo mismo (chínchate xD)

El que sí me cae mal es el director jajajaja.

Sigo. Y por cierto, con esto ya empezamos el capítulo siete.

- - -

¿De verdad era sólo eso? Suzanne parece muy aturdida. ¿De qué hablaban antes de que llegara? Intentó recordar las palabras que habían dicho, pero no las había entendido. Era frustrante.
Entonces, algo le pareció extraño. Algo, a parte de eso.


7


—Disculpe, ¿ha dicho los próximos días? ¿Es que Nayeli va a faltar más?
El interior de las pupilas del director relampagueó de improviso.
—La señorita Monnet está enferma… al parecer ha “recaído”. Por esa razón, estaremos una temporada sin verla por aquí.
La nueva realidad cayó sobre René como una losa, haciéndole olvidar todo lo demás. ¿Dijo que había recaído? ¿Había oído bien, lo había malinterpretado?
¿Qué le ocurría a Nayeli?

—Bien, eso es todo —concluyó con brusquedad el individuo de traje, haciendo caso omiso a la cara descompuesta de René. Suzanne salió disparada por la puerta con pasos pesados y ruidosos, mientras que él se tomó un poco de tiempo en abandonar la hermética estancia.
Ninguno de los dos consideró oportuna una despedida, o tal vez estaban demasiado preocupados como para recordar esa clase de formalidades.

Suzanne se apoyó en la pared de forma desmañada, cubriéndose los ojos con la mano derecha.
—¿De qué iba todo eso? —articuló René cuando le regresó la voz a la garganta.
—Te han pedido que le lleves los apuntes a Nayeli —explicó su amiga con un negro humor.
—Ya, claro. Sólo eso, ¿no?
—No. Sólo eso no.
—¿Por qué estabas tan alterada antes? —Escogió una pregunta al azar, de las muchas que zumbaban en su cabeza— Y no me digas que es porque te dijeron lo mismo.
Ella suspiró.
—Eso no te importa.
—Sí me importa —protestó.
—Pues acostúmbrate a tragarte tu estúpida curiosidad. No soy ninguna cobaya en observación, ¿sabes?
Las palabras no tenían fuerza, estaban vacías. En ese momento, ni él ni ella pensaban realmente en la conversación que estaba teniendo lugar.
La pausa se hizo corta, pero no por ello dejó de ser insípida, insustancial. Como un silencio que se crea únicamente para separar un tema de otro, y que una persona pragmática se habría ahorrado.
René se apoyó en la pared junto a Suzanne, y miró fijamente el tabique del lado opuesto del pasillo.

—¿Sabes qué es lo que quería decir…?
¿…Con lo de recaer? —quería preguntar, pero dejó la pregunta en el aire, inconclusa. Ella lo comprendió perfectamente.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Lun Feb 23, 2009 8:19 pm

^^
Por cierto, ¿cuántos capítulos tiene la historia?

Mmmm, ya sabía yo... creo que Nayeli morirá, no sé por qué, pero es la sensación que tengo. La verdad es que no sé qué enfermedad puede tener, no se me ocurre ninguna, así que... Pero su cuerpo me recuerda a algo débil, mientras que su personalidad es más bien, creo yo, lo contrario, al menos es la sensación que me da... claro que pueden ser cosas mías...
Citación :
—Pues acostúmbrate a tragarte tu estúpida curiosidad. No soy ninguna cobaya en observación, ¿sabes?
Me da la sensación de que Suzanne sabe más de lo que parece...
Por cierto... ¿el trozo de tu blog, la última entrada que hay, es sobre que Ethan, René y Suzanne se reúnen después de la muerte de Nayeli, varios años más tarde? Neutral
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Mar Feb 24, 2009 2:34 am

Tiene un montón de capítulos, pero como me lo formatearon no te puedo decir xDD

La entrada... sí, algo por el estilo, pero no exactamente jaja.

* * *

—No… en realidad, no estoy segura. El curso pasado fue el primero de Nayeli en este instituto, y no sé casi nada sobre ella. También es verdad que no me molesté en preguntarle —percibía en su tono de voz una especie de arrepentimiento, aunque apagado—. Simplemente suponía que tenía alguna enfermedad grave o algo así.
—¿Por qué?
—Antes solía faltar mucho tiempo… a veces llegaba a pasarse meses sin poner un pie en el instituto. A decir verdad, faltaba más de lo que asistía, así que pensé que debía de tener alguna enfermedad. Porque si esas temporadas en las que no se le veía el pelo por aquí no eran justificadas, el instituto por obligación habría llamado a los servicios sociales.
René tragó saliva, pero no dijo absolutamente nada. Ya sabía más de lo que quería sobre servicios sociales.
—Este curso… —prosiguió Suzanne— pensé que había mejorado en lo que fuera que tuviera, porque ha asistido todos los días. Pensé que… incluso podría estar bien. Ni siquiera estaba segura de que estuviera enferma, pero creo que lo de antes lo ha confirmado.
—Entiendo —susurró René, que por su parte, hacía todo lo posible por no entender.

No sabía qué podía hacer, y por eso no quería entender. No quería entender, ver, comprender, saber… nada. No, hasta que pudiera hacer algo para ayudar. Pero, ¿por qué no se lo había dicho?
—Suzanne.
—¿Qué?
—Comprendo que no confíes en mí, porque no te conozco. Ni tú a mí. Somos unos extraños, y eso lo sé muy bien.
—¿Y?
—Y te pido que confíes, a pesar de eso. Que te des cuenta de que puedes hacerlo. No puedo dejar de ser un extraño si no me ayudas —se sintió como un completo imbécil al decir esas palabras, pero las dijo igualmente.

Ella esbozó una sonrisa torva.
—A lo mejor no te conviene a ti que yo deje de ser una extraña.
—Eso es imposible. En estos momentos, que cualquiera dejase de ser un desconocido para mí sería genial. Necesito a alguien que confíe en mí.
—No es fácil confiar en un extraño.
—Algún día me lo contarás. ¿Qué te apuestas? Lo harás, y yo te ayudaré. Y seré un héroe.
No tenía demasiada gracia, pero ella se echó a reír igualmente.
—Aunque te lo contara, no podrías ayudarme.
—¿Cómo lo sabes? —indagó.
Suzanne le miró directamente a sus ojos verdes.
—Porque nadie puede hacerlo.

Eso ya es una pista.
—Bueno, si tú lo dices… Tenemos que ir a clase —zanjó René el tema.
—Espera —la muchacha le detuvo, tirándole de la camiseta.
Él se volvió, expectante.
—Ten cuidado con Hugo, René. Hablo en serio.
¿Hugo?

—¿Quién…?
Ella sacudió la cabeza.
—Ahora da igual. Pero no lo olvides.
Y ambos abrieron un silencio. Ella para que las palabras quedaran grabadas en su mente. Él porque, honestamente, tenía miedo. ¿Hugo había sido la voz que había oído antes de entrar en el despacho? ¿Tal vez había salido por la puerta lateral?

Hugo…
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Dom Mar 01, 2009 1:22 am

Nayeli va a morir, ¿verdad? Tengo esa sensación...

Más o menos, ¿cuántos son para ti un montón de capítulos? Es pura curiosidad...
Wao, o soy yo por el tiempo que llevo sin seguir esta historia tan a menudo, o René está cambiando, no sé, está... diferente... Yo no me creo qeue me hubiese atrevido a hablarle así a nadie, es decir, tanta sinceridad de esa manera, wao...
Y Suzanne también me parece distinta, más... no sé, amiga de René, tal vez, pero me ha gustado cuando ha dicho lo de que tenga cuidado con Hugo.
Tengo curiosidad sobre este chico/hombre... Mmmm... ¬¬
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Mar Mar 03, 2009 8:09 pm

Que no, no es exactamente como tú crees con respecto a Nayeli... René no es que esté cambiando, sencillamente... él es así de raro, ja, ja. En ese sentido parece un niño pequeño (en ese y también en otros). Y Suzanne, por su parte, sí ha cambiado un poco. O al menos ha cambiado su relación con René, en esos dos meses que han pasado. Le cae bien, aunque no son amigos del alma ni nada por el estilo...

- - -

Los alumnos se volvían para mirarle, pero él no se molestaba en intentar reconocer sus caras. Todo era como una vorágine sin sentido, en cuyo interior ya daba igual lo que pensaran los que estaban fuera, mirando hacia dentro.
Ethan, simplemente, no podía parar de correr. Le daba igual si creían que se había vuelto loco —tampoco es que tuviera una gran reputación que mantener—; o si pensaban que tan sólo era un lunático. Le daba igual si les daba igual, o si era la comidilla de todos los rumores después de esto.
Porque él no podía parar de correr.

No sabía por qué había empezado, ni siquiera si había o no una razón. De pronto se había puesto en tensión. Había sentido una especie de peligro, como si poco a poco se acercara algo que debía asustarle. Aunque le parecía absurdo y estúpido, tenía la sensación de que su vida peligraba. Menudo imbécil, ¿se podía saber de dónde sacaba todas esas gansadas?
Se acercaba. Fuera lo que fuera, le pisaba los talones, y él…

Tenía que escapar.

Al torcer a toda velocidad en una esquina del pasillo, arrolló a una chica que estaba hablando animadamente con otras tres. La muchacha terminó en el suelo, profiriendo una ringlera de insultos hacia su persona a voz en grito; pero Ethan ni siquiera la miró. Se limitó a seguir corriendo y desaparecer en otra esquina.

Sólo paró cuando llegó al patio trasero.
Sin aliento, descansó su peso sobre un árbol pelado. Se preguntaba qué diablos le pasaba en la cabeza. Debía de haber perdido totalmente la cordura. A pesar de que aún sentía la apremiante necesidad de huir, se obligó a plantarse en el suelo, concentrándose tanto en la tarea que bien podría haber echado raíces.
El peligro estaba demasiado cerca…

—Hola, Ethan —le saludó una cordial voz rumorosa. Recordaba al siseo de una serpiente camelándose a su víctima.
Alzó la cabeza —cuando controló a duras penas el impulso de poner pies en polvorosa—; y miró al chico que se había presentado allí. Su aspecto también era desconcertante. Su cabello era muy liso, del negro absoluto de un abismo sin fin. No tenía brillo, era como si atrapara la luz y la guardara en algún lugar remoto. Lejos. Estaba revuelto, pero seguía siendo muy liso. Semiocultos tras algunos mechones de pelo, unos ojos calculadores y fríos le estudiaban. Muy abiertos; muy amargos.
Eran de un color cambiante, ambiguo entre el gris y el azul, o entre el azul y el gris, cuyo matiz se aclaraba a medida que se acercaba a las pupilas. Su nariz desbocaba en unos labios equilibrados que se curvaban en una sorprendente sonrisa; a medio camino entre la simpatía y el odio velado. Vestía de gris de arriba abajo, y su ropa tenía cierto aire siniestro, irreal. Era estilizado, como muy pocos adolescentes, y su postura parecía practicada y estudiada al milímetro durante años.
Ethan no tenía ni idea de lo acertada que era esa impresión. Era como una fotografía de una revista, o una postal.

—¿Quién eres? —le desafió, aunque una voz en su cabeza le vociferaba que huyera de él.
—No me conoces, es verdad. Pero yo a ti tampoco, no demasiado —se rió con una risa que no tenía ni pizca de alegría, y añadió—. Tengo entendido que conoces a Nayeli Monnet, ¿no es así?
Ethan no sabía muy bien qué responder. Si decía que sí, tal vez estuviera metiendo la pata, y si decía que no, sería fácil de desmentir sólo con ver las listas de alumnos de cada clase…
—Un poco. Está en mi clase. ¿Por?
Una sonrisa sibilina sustituyó a la amable por un segundo. No había gran diferencia aparente, sólo que ésta era involuntaria, y la anterior fingida.
—¿Eres su amigo? —preguntó educadamente la voz de serpiente encarcelada.
—¿Y eso que te importa? —espetó con desconfianza la voz ronca de Ethan.
Pero no respondió. El desconocido se limitó a darse la vuelta, y comenzar la evasiva.

—¡Eh! ¿Quién eres?
No se volvió de nuevo. No se paró, no le miró. Siguió caminando con su paso tranquilo, y sólo respondió una palabra.
—Hugo.
Ethan se quedó solo de nuevo, con su nudo en la garganta y su mal presentimiento. Pero solo, al fin y al cabo.
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Sáb Mar 07, 2009 2:40 am

Mmmm ¿Ese Hugo conoce a Nayeli y quiere algo de ella?
Y Hugo conoce a la profesora de René, qeu le mintió al hombre cuando habló con él por teléfono, creo yo... sobre qué... pues no sé, pero creo que está relacionado con René y Nayeli...
Entonces no es René quien cambie, si no su amistad con Suzanne, ok, vale (:
Tengo curiosidad por cómo sigue la historia, es que parece que todo tiene su sentido, pero aún no sé hilar lo que he leído... es decir, que me parecen datos sin que los termine de comprender... (es un poco tarde, será el sueño, no tomes esta última frase en cuenta)...
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Lun Mar 09, 2009 1:14 am

Víctor se había pasado casi toda la mañana en el jardín, así que fue el primero en ver al chico. Se paseaba delante de la casa como un perro callejero, inquieto y sin saber si entrar o quedarse fuera esperando que alguien abriera. El timbre de la puerta exterior estaba desconectado, y seguramente no estaba seguro de qué hacer. Él se sonrió un poco, pero no movió un solo dedo. Quería ver cómo se las apañaba.

—Hmm… ¿Hola? —saludó a medias René, para comprobar si había alguien que pudiera oírle. Víctor no contestó, porque todavía se sentía observador. Pero, de un momento a otro, dejó de ver al muchacho.
Así que al final se había ido. Víctor se removió y se levantó apresuradamente, dispuesto a ir a buscarle… mas el chico volvió a aparecer tras la cancela con expresión torturada al cabo de unos segundos.
—¡René! —saludó, como si fuera una agradable sorpresa. No era una sorpresa, pero al menos sí era agradable— Hola. ¿Todavía recordabas dónde está la casa?
—Sí… Vine para traerle a Nayeli unos apuntes…
¿Apuntes para Nayeli? Sintió una punzada de tristeza en el costado. Cuánto añoraba la época en la que era su alumna. Aquello era un gran cambio —un “buen” cambio— para ella, pero en el fondo seguía angustiado.
—Claro, pasa.
René esperó a que le abriera, pero el hombre no se movió un ápice del sitio, envuelto como estaba en su abatimiento.
—¡Ah, la puerta! —Finalmente despertó y abrió—. Perdona, perdona.
—No… no hace falta, no quería molestar. Sólo vine a traer… —musitó el muchacho, tragándose toda la curiosidad que le devoraba. Volvía a sentirse como un intruso que no pertenecía a ese lugar. Qué irónico que una casa que tanto le gustaba le hiciera sentir incómodo.
—No digas tonterías, seguro que Nayeli se alegra de que hayas venido.
Es la primera vez que alguien le hace una visita. —Pensó Víctor, con una sonrisa en los labios— Definitivamente, todo esto es bueno para ella.

Con cautela, René entró en la casa. Era la segunda vez que pisaba aquel camino empedrado del jardín, pero ahora le parecía que estaba más apagado, descuidado. La hierba había crecido bastante, y algunas plantas lucían mustias, sin vida. A René se le antojó que la casa estaba melancólica, más que antes.

Siguió a Víctor hasta el salón, el mismo salón de la otra vez; con el mismo sofá naranja y la misma pintura que había hecho, según le habían dicho, la madre de Nayeli. ¿Cómo será su madre? —Se preguntó— ¿Y su padre? ¿Será aquel hombre que vi por la ventana?
Y una pregunta más inquietante.
¿Y si me reconoce?
Un súbito pánico le caló hasta los huesos. ¿Qué le diría si el hombre le reconocía?
—Voy a avisar a Nayeli, tú espera aquí. Y… siéntate, siéntate —le sorprendió atisbar una nota de nerviosismo en la voz de su “anfitrión”.
Hizo lo que Víctor le decía, tratando de controlar la intranquilidad que se acrecentaba en su estómago. ¿Sería correcto preguntar a Nayeli por su enfermedad? ¿Qué podía tener? Quiso tranquilizarse, pero las palabras de Suzanne permanecían tejidas en su mente. Además, algo estaba ocurriendo. No era normal que le llamara el director para algo como llevarle los deberes. Eso podría haberlo hecho Dadou, u otro profesor… Y Suzanne no podía estar tan alterada por algo tan insignificante.

Hundió la cabeza entre las manos, sin conseguir sacar nada en claro. Tal vez todo aquello no tenía importancia… pero su conciencia le decía que era todo lo contrario.
Fuera lo que fuera, tenía que averiguarlo. Porque para él era imposible quedarse de brazos cruzados, y porque…
—¿René?
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Vie Mar 13, 2009 6:38 pm

Citación :
Él se sonrió un poco, pero no movió un solo dedo. Quería ver cómo se las apañaba.
Qué malo xD
Citación :
Es la primera vez que alguien le hace una visita.
Será "malo", pero es muy bonito lo que piensa.
Citación :
—¿René?
Es Nayeli la que dice esto, ¿no? (bueno, ya lo leeré la próxima vez)...
Mmm, ahora ella puede tanto contarle todo a René o callarse y ser fría... o bueno, hay más opciones, pero... bueno. Espero saber un poco más de la historia, es que me resulta no confusa, si no... no sé cómo explicarlo.... es como si estuviera todo claro, pero sin estarlo, me resulta difícil saber por dónde va a tirar la novela.
Pues... ¡Adiós!
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MensajeTema: Re: Búhos de Cristal   Sáb Mar 14, 2009 4:19 pm

Jaja, la verdad es que Víctor es un pelín... excéntrico xD

- - -

La voz de Nayeli le sobresaltó. Cuando alzó la vista, se dio cuenta de que ella estaba allí, mirándole con su habitual expresión hermética. Estaba un poco pálida, y apoyaba la espalda en la pared de la habitación. Pero no parecía que le ocurriera nada más.
—Vine a traerte los apuntes de hoy.
Ella le escrutaba sin delicadeza alguna. Como siempre.
—Gracias… pero, no hacía falta que te molestaras.
—No me molesta. Además, el director me dijo que seguramente faltarás un tiempo, que si no me importaba, podría pasarme de vez en cuando para que no te retrases en los estudios, y, y… Bueno, pues que no me importa.

Sus ojos se entrecerraron un poco.
—¿El director? —y por su cara, René adivinó un “¿En serio?”
—Lo que oyes —aseguró el chico, olvidándose de las circunstancias que le inquietaban y metiéndose en su papel de investigador—. La verdad es que me sorprendió.
—Qué raro —coincidió, pero fuera lo que fuera lo que estaba pensando, se lo guardó para ella.
René entonces rebuscó en su mochila, extrajo una libreta y se levantó para entregársela. Ella la tomó y la miró unos segundos, como si fuera un objeto realmente curioso. Luego volvió a mirarle a él, con una especie de disculpa pintada en los ojos azules.
—Gracias, pero es que… ahora íbamos a salir —el chico se percató entonces de que estaba vestida de una modo un tanto serio. Se preguntó si iría al hospital. Pero eso no era asunto suyo—. Lo siento, pero creo que no puedes quedarte más.
—Ah, no pasa nada. Tenía que irme de todas formas, mis padres me estarán esperando. Adiós.
Ella sonrió de nuevo, disculpándose aún.
—Adiós.

Cuando atravesó la puerta, Nayeli se volvió a quedar mirando la libreta. La abrió por la primera página, preguntándose cómo sería la letra de René —y si se entendería o no—. Su caligrafía era bastante común, redondeada y grande. Aquello le hizo gracia, porque era exactamente lo que esperaba. Como si pegara con su personalidad.

Entonces levantó la vista, y descubrió que se había dejado su mochila atrás.


* * *

Bajaba por la calle un chico de gris. En el recodo, se detuvo, y disimuló su presencia lo mejor que pudo, aunque no hizo ninguna falta: René iba tan distraído que si hubiera sido un huracán lo que le acechaba a la vuelta de la esquina, tampoco se habría enterado. Mejor para ambos.
Menudo simplón.
Cuando el muchacho se perdió de vista en un cruce, Hugo sacó su teléfono móvil del bolsillo de su pantalón, y marcó un número que conocía de memoria. La señal sonó una infinidad de veces, pero él no colgó ni se dio por vencido.

—¿Qué quieres? —graznó una voz al cabo de un rato.
—¡Hola, Giséle!
Escuchó un divertido —o al menos, a él le divertía— gruñido al otro lado de la línea. Probablemente, en ese momento, la nerviosa mujer estaría tamborileando con las uñas en alguna superficie cercana, frunciendo el ceño y mordiéndose el labio.
—Te he dicho que no me llames así.
—Oye, Giséle, si no me equivoco, te equivocabas —otro resoplido—. Estoy completamente seguro de que sí es el que buscábamos.
—Escucha —imploró ella, aunque su voz sugería más bien una orden. Tenía su gracia—. No hagas nada hasta que estemos seguros. Es un chico inocente y…
A Hugo se le acabó el buen humor. Yo también era un chico inocente, y no supuso ninguna diferencia.
—Así que ahora —siseó con su voz de basilisco—, te preocupan los inocentes. ¡Así que ahora eres la defensora de la bondad! Abigail Mercier, Jean Roux, Remmy Dubois, Ivon Plémaret… La lista es larga, y dudo que todas esas personas te vean como una justiciera —su tono adquirió el matiz ácido de cuando pronuncias palabras cortantes, hirientes y sangrantes, todas juntas— ¿Tengo que recordarte más nombres, o ya se te ha refrescado la memoria?

El silencio, cargado de rencor, rabia y frustración, cayó con fuerza sobre su interlocutora.
—Haremos exactamente lo que pensaba hacer —prosiguió el chico gris, y especificó—. Harás lo que quiero que hagas. Y, Giséle, recuerda que sólo te estoy cobrando el favor que me debías, y sólo harás lo que en su momento accediste a hacer. ¿O tal vez tienes remordimientos, ahora que tu misión tiene nombre y apellido?

—Vete al infierno —respondió con voz trémula, varios segundos más tarde.
Uno de los dos cortó. Tal vez fue Hugo, tal vez fue Dadou. No se sabe, ya que los dos pulsaron los botones a la vez.
—Ya estoy en un lugar muy similar —confesó entonces, retirando el teléfono de su oreja. Sus palabras no eran para ella, ni siquiera eran para él mismo. Guardaba la esperanza de que el viento las llevara muy lejos, allá donde él no podía alcanzar.
¿Para quién eran aquellas palabras?

Sería fácil dejar que odiaras a Hugo. Decir: Ya veo, este es el malo, y el malo siempre es odioso. Además, es prepotente, déspota, y cruel —eso no lo sabes, yo te lo adelanto—. Pero yo no le odio, aunque tú seas libre de hacerlo. Sólo dale una oportunidad. Siempre tenemos a algún Hugo cerca —aunque tenga otro nombre, otra cara y otra ropa—, esperando esa oportunidad que no llega. Démosle esa oportunidad, ¿quién sabe qué hará con ella?
De todas formas, la cuestión es otra. Por ahora, solamente es: ¿Quién es Hugo, y qué trama? O, en pocas palabras: ¿Qué le pasa a éste?

No sabes lo difícil que es la respuesta a esa pregunta.
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Búhos de Cristal
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