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 El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve

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Prosa
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MensajeTema: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Vie Ago 08, 2008 6:41 pm

Voy a torturarles con esta mini historia que consta de siete mini capítulos xD ¿Una pequeña sinopsis de esta pequeña historia? Si la resumiera, se volvería nada de nada, así que si interesa, habrá que leerla Wink



Es en esas noches, cuando la brisa mece su cabello rubio grisáceo, como haría una madre con su hijo, cuando la niña de cenizas coge su viejo acordeón. La melodía del instrumento se cuela por entre las oquedades de las raíces, y culebrea en el aire, incompleta y absurda en medio del bosque. Aquella noche, sabía que la estaba esperando aquel chico del que todo sabía menos su nombre real. Eso daba igual, al fin y al cabo. ¿No sabía que el roce de su piel era eléctrico, que tenía la voz rasgada y profunda, y que amaba la música tanto como ella? ¿Qué tenía de importante el nombre, si no era más que un seudónimo? “Cuando le veas.” Se dijo. “Tienes que sonreírle. Sonríele y di adiós. Deséale suerte, y…” Paró de tocar. ¿Y entonces, qué? Se marcharía, tenía que marcharse. No sabía si quería ir, si sería capaz de despedirse de él. ¿Y olvidar todas las tardes charlando sobre nada en especial? ¿Todas las miradas, todas las notas que habían creado juntos?
Iría, no iría, iría… Su mente barajaba la idea sabiendo que no tenía nada que ganar y demasiado que perder. Si no iba, se ahorraba el viaje, y las lágrimas, y la humillación de no saber qué decir en el momento más trágico, pero perdería la oportunidad de volver a verle. Si iba, su alma se quedaría pegada a él, y jamás regresaría completa. No sonreiría, no diría adiós –o, entre las lágrimas, no se entendería–, y no sería capaz de desearle suerte, lejos de ella. Volvió a tocar el instrumento que tenía en sus manos, pero temblaba de tal forma que éste acabó golpeándose contra la tierra, produciendo una nota desatinada y contrayéndose. Viola cayó junto a él. Un copo de nieve danzó en el aire hasta caer en su nariz. Había comenzado a nevar.

* * *

Noah observó impaciente la ventana mientras tomaba un sorbo de café. ¿Acudiría Viola a la cita? Tenía que verla. Estaba tan nervioso y emocionado que terminó derramando la taza sobre la mesa.
–¡Lo que me faltaba! –exclamó torciendo el gesto. Sus cejas se fruncieron sobre su nariz fina, que convergía en unos labios que formaban un pequeño arco. Su cabello era color canela, ligeramente despeinado y hasta la nuca. Iba cayendo en finas matas, como una cascada desmarañada. Cogió varias servilletas del servilletero que estaba en la mesa y lo limpió todo rápidamente, tratando que el líquido –ya se había enfriado hacía rato– no llegara al estuche de su violín, que descansaba a su lado en el banco de pared de la cafetería.
Aquella tarde, Noah vestía un suéter beige de cuello alto bajo su gabardina negra, y unos pantalones anchos del mismo color, llenos de bolsillos. Viola tenía que llegar, quería verla, tenían que hablar, contarle que no pasaba nada, que no tuviera miedo. Pero tenía que aparecer, eso era obvio. En la negrura del cielo, creyó ver los ojos grises de la niña de cenizas, pero no eran más que nieve.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Mar Ago 12, 2008 4:34 pm

Es muy extraño, me gusta cómo lo has escrito, pero no acabo de ubicarme, es decir, no sé, es un tanto raro, pero está genial, como todo lo tuyo.
Hasta ahora he entendido que Viola es una chica que aprecia muchísimo a Noah y él a ella. ¿Viola es un muñeco de nieve?
La verdad, no sé qué decir, seguiré leyendo naturalmente, pero estoy un poco perdida, como con "Búhos de cristal".
Eso sí, además de extaña, está muy chula, me encanta cómo narras y te metes en los sentimientos de los personajes.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Dom Sep 21, 2008 2:43 am

Siento haber estado tanto tiempo sin actualizar... U.u Se me va la olla.
Bueno, esta historia no es ni de lejos tan larga como Búhos de Cristal, ya me podría dar algo xD Tiene siete capítulos de más o menos una página a Word, dos como mucho.

No, Viola no es un muñeco de nieve, pero está relacionada con él. Y otro pequeño detalle, los protagonistas de esta historia tienen (supuestamente ¬¬) 20 y 22 años (Viola es dos años menor que Noah)

Sólo decir eso, para ubicar un poco la historia. Me estoy planteando hacerle una ficha, pero una pequeñita, ¿eh?

Bueno, sigo por si interesa leerla.

- - -



Viola solía reír a menudo. Y llorar. A veces hacía ambas cosas al mismo tiempo, mientras tocaba, quiero decir. Otras, simplemente callaba, cerraba los ojos y se escuchaba a sí misma y a la música a la que daba vida. Sabía que no debía cerrar los ojos, que debía prestar atención a la partitura, a sus manos, y sin embargo, era un hecho impulsivo, espontáneo. Un simple reflejo que siempre le reprochaban, siempre traía problemas. No se permitía improvisar, todo debía estar estudiado y todo debía ser perfecto. Los instintos debían censurarse. Ningún músico debía reír en medio de una sinfonía. Viola lo comprendía, pero no lo entendía. ¿O era al revés? Sencillamente, no podía dejar de sentir su música, no podía atarla a sí misma con un hilo de pescar, no era tan sencillo. Fue esta la razón de que la niña de cenizas abandonara el Conservatorio, instalado en un elegante edificio de tejado de pizarra en el centro del casco antiguo de la ciudad. Quería aprender a tocar, y había memorizado el funcionamiento de cinco instrumentos. No deseaba ser una maestra, tan sólo una buscadora. Por esta razón consideró que no necesitaba seguir asistiendo, y sus profesores lo lamentaron. Tenía talento, eso solían decirle lacónicamente cada vez que lo dudaba, cada vez que se le nublaban los pensamientos y pesaban más los esfuerzos que los éxitos.

Desde entonces se había acostumbrado a tocar en el bosque. Allí no molestaba a nadie con sus melodías experimentales, cuando probaba de todo un poco, cuando desafinaba tan sólo para cerciorarse de que esa no era la nota idónea. Allí, todo parecía tan armonioso que ni siquiera ella podría romper su equilibrio. Aunque allí no podía trasladar el piano, por supuesto. Esa era la pega.

* * *


Noah trabajaba a media jornada en una cafetería sofisticada, tocando música de ambiente en el piano. Un local elegante, pero no de lujo. Sencillamente, si no trabajaba, no comía. Y a nadie le gusta pasar hambre. El trabajo era realmente aburrido, la música ambiental no daba pie a nada más que a eso, música ambiental, tranquila, sin altibajos.

Si explico un poco su historia, será fácil entender que habría hecho mejor en no explicarlo, mas si no lo hago nunca será posible saberlo. Noah vivió en la casa de su padre hasta hacía un año y dos meses.
Desde pequeño había dedicado su vida casi por completo a su música, incitado por su madre. Su instrumento preferido era el violín.
“Es el instrumento que más se parece a la voz humana. Su sonido es casi hechizante, ¿verdad? Además, este es muy especial.”

Ciertamente, Noah siempre estuvo seducido por su melodía. Todavía recordaba cómo tocarlo, ya que eso le fue imposible de olvidar. Aún cuando se esforzó por lograrlo, no lo consiguió. Lo quiso olvidar por una sencilla razón.

Sólo una, pero lo suficientemente fuerte como para maldecir su violín.
Aún recordaba los últimos movimientos de su madre, cuando tenía apenas diez años.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Lun Sep 22, 2008 6:56 pm

¿?
¿El mensaje está en blanco?
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Lun Sep 22, 2008 9:27 pm

Porras, es que mi internet estaba mal ya de por sí, te escribí el comentario, pero ¬¬
Lo siento, ahora mismo intento recordar lo que te decía, bueno, tampoco me molesta mucho, siempre es agradable leer algo tuyo.


Recuerdo que antes de que dijeses que tenían 20 y 22 años, creía que no tenían más de 13... un poco desubicada estaba yo...
A mí me gusta cómo toca Viola, parece querer ser la nota que toca, no sé... Me apreció muy bonito que dejase el conservatorio para poder tocar la música como ella quería.
Por cierto, ¿cómo se conocieron Viola y Noah? ¿En la cafetería donde él toca?
¿Qué le pasó a la madre de Noah? ¿Era violinista y le ocurrió algo?
De verdad, me gusta mucho cómo describes, es decir, hay frases que tienen un no sé qué...
Bueno, sigue cuando puedas y te acuerdes...
Siento mucho lo del comentario en blanco, es que lo escribí pero la red, lo siento >.< (en realidad, no sé qué hacer con él, si dejarlo o eliminarlo o.o...??)
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Mar Sep 23, 2008 4:08 pm

Jaja, no te preocupes...

Bingo. Acertaste de lleno en todo lo que dijiste xD (¿es muy predecible?) bueno, sigo un poco...

- - -

“–¡Corre, mamá!
Su madre, sin embargo, se giró entre las llamas. Buscaba algo…
Un estuche negro descansaba sobre una silla, ajeno al incendio. La mujer rubia corrió hacia él y lo atrajo hacia sí. ¿Por qué quería cogerlo?
No había escapatoria. Las llamaradas se habían extendido por las cortinas y llegado hasta el armario que había a su lado, que cayó ante ella. No lloró. Noah lo recordaba con una estremecedora claridad. Tan sólo le lanzó el estuche que contenía el instrumento dentro.
Y, por última vez, Anna miró con orgullo a su hijo.”


No volvió a tocar el violín, pero era incapaz de renunciar a la música por completo. Su padre no lo comprendía.
La música le había arrebatado lo que más amaba. Y ahora le robaba a su hijo poco a poco. Anna era violinista, y Noah podría seguir sus pasos. Le atormentaba la idea de que su único hijo no respetara las huellas de su madre, o el accidente. Cuando Noah le anunció que quería dedicarse profesionalmente a la música y dejar los estudios, sobrepasó su límite.

Así fue como Noah perdió la relación con su familia y terminó solo. Solo, y en la calle.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Mar Sep 23, 2008 5:55 pm

Tranquila, no es predecible, creo, es sólo que le doy muchas vueltas porque tengo curiosidad (y soy tan impaciente que no espero al siguiente trozo para decir las teorías por muy absurdas que tenga).

La verdad, cuando has escrito que Anna estaba buscando algo, creía que iba a ponerse a tocar el violín.
Es muy curioso lo que hizo, es decir, en vez de intentar salvarse o cualquier cosa, le lanza el instrumento a su hijo. ¿Era ''especial''? ¿O era sólo porque ella quería que él tuviera el que utilizaba?
Pobre Noah, su padre fue un poco... S: pero, ¿gracias a eso conoció a Viola? ¿Tuvo que buscarse un trabajo y la encontró allí, en la cafetería?

Sigue cuando puedas (:
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Vie Nov 14, 2008 8:33 pm

Llevo demasiado tiempo sin actualizar xD

- - -





Viola removió distraídamente el líquido rojizo con la cucharilla, haciendo que el hielo golpeara con suavidad las paredes del vaso, y el té rojo burbujeara alegremente, tarareando una sutil melodía. Había descubierto aquel local la semana anterior, y se había enamorado con rapidez de su ambiente, que consistía en una seductora mezcla entre mod y bohemia. Aunque la cafetería Letztes Gedicht no era muy transitaba, contaba con clientes habituales, aficionados a escuchar poesía a ritmo de piano y saxofón. En realidad, ese era el único reclamo del que disponían, ya que no servían bebidas alcohólicas, tenía un aforo limitado de veinte personas –aforo que nunca se cubría por completo– y se encontraba en el confín más escondido del barrio más desconocido de Munich. La niña de cenizas había necesitado perderse para encontrarla, y ni siquiera la buscaba.

–¿Desea algo más? –preguntó la camarera. Al darse cuenta de que había estado observando al pianista largo rato, Viola se obligó a mirarla. Se dio cuenta de que la persona que le había servido su bebida era rubia y delgada. Exhibía una amable sonrisa en sus labios de carmín, pero parecía más pendiente del poema que acababa de empezar que a la clienta, cosa que ésta agradeció.
–¿Podría traerme otro sobre de azúcar, si es tan amable? –Murmuró con educación, mientras estudiaba la expresión de sorpresa que había surcado el rostro de su interlocutora– Me gusta muy dulce.
–Enseguida.

En cuanto la camarera se marchó, Viola volvió de nuevo su mirada al chico del piano. Desde que había descubierto la cafetería el lunes anterior, había procurado ir cada día a la misma hora para oírle tocar. No entendía que los demás clientes apenas prestaran atención al pianista. Su forma de tocar tenía la melancolía impregnada en cada nota. Aquella agridulce amargura, que tan bien quedaba al acompañar los versos sobre corazones rotos de los poetas contemporáneos –sin éxito pero con genio que habían acabado en ese lugar–, a ella le parecía exquisita. Se había convertido en una especie de satisfacción personal ir cada día a escucharle, hasta que acabara su turno.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Lun Nov 17, 2008 7:33 pm

Me encantaría conocer una cafetería como la que describes, o un sitio parecido, suena genial *.*; en serio, el ambiente del trozo es muy bonito... muy tuyo... (Es que me recuerda a unas canciones que me enseñaste...); no sé, cómo me imagino el té en el borde de la taza al describirlo tú... me gusta, sé que suena tonto, pensarás, ¿te gusta sólo que haya descrito cómo mueve un personaje la cucharilla? Pero es que sí, me gusta, ¡y mucho! Sobre todo la forma que tienes tú de hacerlo...
Y hay frases curiosas y muy ... O.O, como:

Citación :
La niña de cenizas había necesitado perderse para encontrarla, y ni siquiera la buscaba.
o...

Citación :
Aquella agridulce amargura, que tan bien quedaba al acompañar los versos sobre corazones rotos de los poetas contemporáneos –sin éxito pero con genio que habían acabado en ese lugar–, a ella le parecía exquisita.
Espero que actualices cuando puedas (y si acaso, te lo recuerdo de vez en cuando...)
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Lun Dic 08, 2008 4:45 am

La verdad, a mí también me encantaría conocer una cafetería así xD Sería... mágico, sin duda. Por cierto, el nombre de la cafetería (Letztes Gedicht) viene a significar "Último poema", creo que no lo había mencionado antes. No es nada relevante, pero en fin. Imaginé este lugar como una especie de... santuario, porque lo tiene todo, poesía, literatura, música y té xD (y camareras antipáticas, un pianista al que adoro, y un par de poetas desvergonzados) Lo del ambiente bohemio y mod puede ser una mezcla un tanto peligrosa, pero a mí me parece que merece la pena. Merecería la pena que hubiese un lugar así, y probablemente lo haya, aunque si no lo hay, al menos yo sé cómo sería (debería describirlo mejor, pienso, para que se formen una idea más clara...)

Una cosa más antes de seguir con esta rara historia, tengo que decir que me ha dado también por cambiar algunas cosas de esta historia, aunque realmente más que cambiar lo que estoy haciendo es añadir escenas, y está quedando bastante más larga de lo que era, pero no creo que quede tampoco nada descomunal (no se va a convertir en una novela de pronto) No hay cambios en nada de lo que he subido por ahora, sino bastante más adelante, así que tampoco es nada que tenga gran importancia.

- - -

No supo cuánto tiempo había estado allí, escuchando con atención, pero cuando abrió los ojos de nuevo, la música había parado y él no estaba ante el piano. ¿Dónde se había metido? Buscó su cabello canela, y le molestó descubrir un inexplicable sentimiento de frustración al no encontrarle. ¿Por qué le importaba tanto que se hubiera ido?

–¿Sabes que siempre cierras los ojos?
Viola dio un respingo al escuchar aquella voz algodonosa a su lado, y giró la cabeza lentamente para ver al chico del piano sentado en la silla libre. Se preguntó cómo no le había oído llegar, pero era obvio que era debido a su ensimismamiento. Le miró, recelosa. No es lo mismo observar a alguien desde lejos que tenerle frente a frente, y exponerse a tener que dar explicaciones. Lo que no sabía, es que él no se las pediría.
–¿Ah, sí? –murmuró ella, dando un sorbo a su bebida. Los ojos de chocolate del pianista parecían reírse en silencio, y su mirada le atravesaba, con una sorprendente mezcla de curiosidad y algo más que Viola no llegó a deducir.
–Sí, exacto. Los cierras cuando la música es algo más intensa, cuando el ritmo es más prominente. Es muy interesante.
–¡Interesante! –se rió entre dientes con voz aguda, separando el vaso de su boca e intentando ocultar su nerviosismo. Si él se había dado cuenta de eso, también se habría fijado en que le miraba continuamente, ¿verdad?– Claro, claro.
–Bueno, vale, más raro que interesante.
–Más bien –coincidió, y luego una sonrisa torva se cinceló en su boca–. ¿Has venido a meterte conmigo?
Él se mostró distante un segundo, pero después asintió. Algo iba a replicar Viola cuando él soltó una carcajada que parecía frágil como el cristal.
–No hablo en serio. En realidad, me parece más interesante que raro, así que vine a investigar un poco.
–¿Investigar? –Sorbió de nuevo, distraída– me siento como una cobaya en un laboratorio.
El pianista se carcajeó de nuevo, y la camarera regresó con el sobre de azúcar en una bandeja muy lujosa. Viola se preguntó si se estaría burlando, pero no puso voz a ese pensamiento. Le devolvió una sonrisa perfecta.

–Muchas gracias. Es usted encantadora. –dijo con su tono más sarcástico a la mujer, que pareció turbada ante su reacción, y se dispuso a marcharse, cuando él la detuvo.
–Espera, Nina. Tráeme un vaso de agua, estoy muerto de sed.
Nina le dirigió una mirada envenenada, pero se sacudió la melena dorada y les dejó atrás, bastante molesta. Viola no pudo evitar reírse de nuevo.

–Eso ha sido bastante divertido –murmuró él cuando la camarera se alejó–. No imaginaba que fueras tan retorcida.
Sus ojos rebosaban regodeo por todos los costados.
–¿Yo? Sólo le he agradecido su trato con los clientes.
–Y no es que esté en contra. –finalizó con una reluciente sonrisa, que no dejaba lugar a dudas. Callaron un momento tan breve que pareció no haber existido, preguntándose ambos algo sobre el otro.
–¿Te gusta este lugar? –preguntó de pronto, con un tono que pretendía fingir casualidad. La niña de cenizas apartó la vista de él y abarcó todo el local con ella, como si quisiera mostrar lo evidente. Y lo evidente era que ese se trataba del tipo de lugar en el que se quedaría eternamente, si fuera posible. El tipo de lugar fantástico del que una loca como ella se enamoraría en cuanto viera la puerta, el tipo de lugar que parecía hecho para esa clase de persona.
–Por supuesto. Creo que es uno de los sitios más mágicos en los que he estado.
–¿Cuáles son los demás? –indagó, ahora sin poder ocultar el interés en la mirada.
–¿Esto forma parte de tu experimento? –quiso saber ella, con una sonrisa sardónica ribeteando sus labios cárdenos por el frío.
–Por supuesto –repitió en tono condescendiente–. ¿Es que no me los quieres decir?
–Pensarías que estoy loca. –otro sorbo al té.
–Ya lo pienso, y no le doy importancia.
–Vaya, –objetó, dándose cuenta de que ese chico estaba empezando a irritarla de verdad– pues puede que yo sí se la de.
El joven pianista se encogió de hombros, y su camisa blanca se replegó ligeramente.
–Entre un loco y yo, sólo hay una diferencia. Yo no estoy loco. –contradijo, en tono solemne.


Última edición por Prosa el Mar Dic 16, 2008 7:19 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Vie Dic 12, 2008 6:40 pm

Me gustó el nombre de la cafetería, no sé por qué, pero en Alemán me da la sensación de que suena genial... Es decir, en español me suena bien, en Alemán mejor, pero en Inglés ya no me suena tan bien...

Citación :
–Bueno, vale, más raro que interesante.
–No hablo en serio. En realidad, me parece más interesante que raro, así que vine a investigar un poco.

Citación :
–Pensarías que estoy loca. –otro sorbo al té.
–Ya lo pienso, y no le doy importancia.
Citación :

–Entre un loco y yo, sólo hay una diferencia. Yo no estoy loco.

xDD El diálogo de este trozo está muy bien, me gustó bastante, me recuerda a un juego, no sé como si uno tirase una pelota y otro la golpease a ver si le daba o no.
Creo que el pianista se había fijado en Viola antes de este trozo donde habló con ella, pienso que está interesado o que siente curiosidad hacia la chica.

Bueno, ya sabes, sigue cuando puedas (:
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Vie Dic 26, 2008 12:01 am

Jaja, la verdad es que sí es un poco como un juego para ver quién gana... Pero creo que termina en empate, o a lo mejor la pelota terminó detrás de una valla... No sé xD

- - -

Tan solemne, que Viola no pudo menos que echarse a reír.
-Bueno, pero Dalí al menos tenía derecho a estar un poco falto de cordura. No es que sea una gran admiradora de su ego, pero el hombre tenía su talento…
Dio otro sorbo largo a su bebida mientras que su acompañante se la quedaba mirando con los ojos muy abiertos un segundo, para recomponerse después. La niña de cenizas sonrió, paladeando su victoria.
-Reconozco –señaló él entonces- que no esperaba que fueras a adivinar a quién estaba citando. Ni siquiera pensaba que te dieras cuenta de que la frase no era mía.
-Tal vez no deberías confiarte tanto.
-Estoy muy de acuerdo. –les interrumpió una voz que acababa de bajar del escenario. Viola alzó la vista desconcertada; casi había olvidado que había más gente en la cafetería.
El individuo era un hombre mayor que ellos, que se acercaba más a los treinta que a los veinte pero no los alcanzaba todavía; vestía con ropa desenfadada y tenía unos grandes ojos redondos cuyo iris parecía un mosaico hechos con trozos de hojas otoñales. Tenía una barba de tres días, el cabello castaño rojizo y una ancha sonrisa burlona y una teoría que ofrecer a todo el que se le cruzara. Era el fan número uno de la cafeína, y venía con un café solo en la mano, para no variar. Se llamaba Garin, aunque ella por entonces no lo sabía.
-Vamos, Noah, -prosiguió el poeta, en un tono que parecía un maestro de guardería explicando algo a un niño que no entendía nada, por muy básico que fuera- el bigotudo español tenía alguna frase más original…
El pianista, al que desde entonces la niña de cenizas conocería como Noah, le lanzó una mirada homicida.

-Garin, nadie te ha dado vela en este entierro.
-Es fácil reconocer si el hombre tiene gusto: la alfombra debe combinar con las cejas. –sentenció Viola, cada vez más divertida por la escena. Había hecho un trabajo sobre los pintores del surrealismo en el instituto, y recordaba algunas frases de este en concreto. Esa era una de las que se le habían quedado grabadas, y el porqué era obvio.

La carcajada fue general, y además se ganó la confianza de Garin. Claro, que no era difícil ganársela si lo único que había que hacer era decir una frase chistosa.
Noah trató de dejar correr el absurdo tema, pero finalmente se resignó, dándose cuenta de que ya estaba expuesto. ¿Quién dijo que fuera posible pasar una tarde normal hablando de algo normal con alguien normal? En todo caso, Viola no era ni sería nunca normal, pero sí que era fascinante.

En ese momento apareció Bluma. Era una mujercita menuda y liviana como una nubecilla, llevaba un vaporoso vestido blanco que se desdibujaba en las rodillas, tenía la piel pálida como la de una muñeca de porcelana y caminaba con un ligero balanceo, casi como si estuviera en un barco. Tenía el erizado cabello de color carmesí, los ojos de contorneados párpados que parecían canicas verdes y unos labios difusos, como casi todo su cuerpo. Tanto su apariencia como su actitud eran tranquilas y melancólicas, y acostumbraba a que se la escuchara a pesar de su baja y rítmica voz.

-Nuestro turno se acabó, Noah. ¿Jugamos una partida de cartas?

Él asintió, y se dirigió a Viola de nuevo, ignorando a los que se habían metido en la conversación y atrapándola en una mirada que ella le sostuvo sin apartar la vista.
-¿Qué dices? ¿Te apuntas, Cenicienta?

Cenicienta aceptó, confusa. Esa sería la primera vez que la llamarían por ese nombre, pero no sería la última. Le pegaba bastante, pero Viola, por su parte, seguiría sintiéndose como una niña de cenizas mucho tiempo…

Tal vez nunca dejara de sentirse así.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Vie Dic 26, 2008 11:24 pm

Al principio me ha parecido un poco diálogo de besugos, pero me gustó, creo que me va a caer bien Garin(aunque tampoco es que no me caigan bien muchos personajes...)
Por cierto, el nombre de Bluma es muy curioso, nunca lo había oído antes, pero es bonito.

Citación :
Cenicienta aceptó, confusa. Esa sería la primera vez que la llamarían por ese nombre, pero no sería la última. Le pegaba bastante, pero Viola, por su parte, seguiría sintiéndose como una niña de cenizas mucho tiempo…

Tal vez nunca dejara de sentirse así.

Me ha parecido misterioso(y me ha dado la sensación de que hay una tragedia por medio, aunque claro, ahora que lo pienso el título es: el cuento triste de Noah y el muñeco de nieve)...
No sé qué más decir... mmm... sigue cuando puedas...
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Dom Dic 28, 2008 2:04 am

Bluma no es que sea un nombre muy común, pero es que lo encontré y no pude resistirme a ponérselo. Desde un principio tenía claro que el personaje sería pelirrojo, y teniendo en cuenta que Blume significa flor, me pareció una cosa que... no sé, hablaría de ella. Supongo que es una tontería, pero me gusta mucho cómo suena, independientemente de su significado.

Bueno, me estoy liando u.u

- - -

Garin se frotó las manos, con un brillo extraño en la mirada.
-¿La señorita va a jugar también? Será… divertido. ¿Sabes jugar al póquer?
Viola adivinó enseguida sus pensamientos, y tuvo que contener una sonrisa. Si lo que esperaba era una mala jugadora, se equivocaba en gran medida. Pero no era malo dejar que alimentase un poco su ego durante un rato, ¿verdad?

-Un poco –contestó, haciéndose la inocente. Lo que no dijo era comparado con qué se trataba de poco. Noah también averiguó muy pronto lo que Garin se proponía, pero fue Bluma la que le bajó de las nubes.
-Garin, no puedes apostar con dinero si te lo has gastado todo en café.
El interpelado le dirigió una mirada envenenada, pero terminó explotando en una ruidosa carcajada. Al parecer, su ego era de goma. Lástima.

-¿Ya vais a encerraros otra vez en el cuarto trasero? –les reprochó una voz desde la barra cuando conducían a Viola hacia una puerta entreabierta que había en la pared más apartada. El hombre frunció el ceño, y puso la mayor cara de pocos amigos que le salió, pero no era demasiado imponente. Era delgado, llevaba unas gafas cuadradas de montura metálica sobre el puente de la nariz y empezaba a canear. Los camareros le esquivaban exasperados cuando se interponía en su camino- Yo no os pago para que os la paséis jugando a la baraja.
-Claro que no –concedió Noah de buen humor, sin tomarse muy en serio el amago de ultimátum del que Viola supuso que era el dueño del local- Nos pagas para mantener contentos a los clientes, ¿no? Pues esta clienta –explicó, señalándola con gesto teatral- nos ha amenazado con irse sin pagar sus cincos tes helados y las dos toneladas de azúcar si no la enseñábamos a jugar al póquer como es debido.
-¡Estamos entre la espada y la pared! –concluyó Garin, culminando la frase con un alzamiento de brazos al cielo, es decir, al techo.
El hombre pareció conforme con la infantil explicación, y la niña de cenizas no pudo sino alucinar ante la escena. Noah le dirigió una sonrisa burlona.

-Mark ha creado una cafetería que tiene cuarto trasero con una mesa de póquer para los empleados; que acompaña el menú con poemas y música y que; para colmo, no sirve alcohol. ¿Te esperabas otra cosa? ¿Tal vez un viejo cascarrabias al más puro estilo de Cuento de Navidad?
Viola no supo qué responder.
-¿Qué andas cuchicheándole? –quiso saber Garin a sus espaldas.


* * *


La sala era reducida, pero el ambiente podía ser cualquier cosa menos claustrofóbico o desagradable. El suelo estaba recubierto de losetas blancas y negras, dispuestas como en un tablero de ajedrez. La pared frontal estaba formada por un montón de cubos de cristal de los mismos colores, y las demás eran sencilla y llanamente blancas. Del techo pendía una lámpara de la que colgaban, a su vez, varios pañuelos, abalorios e incluso atrapasueños -¿es que alguien dormía allí?-, que filtraban la luz y conferían a la habitación una iluminación extraña, con matices, degradada. En el centro de la estancia había una gran mesa de madera, pero nada del típico tapete verde que utilizaban los mafiosos para jugar al póquer en las películas malas. La distinción alivió a Viola. La mesa estaba rodeada por sillas desiguales, todas parecían sacadas de diferentes lugares, casas e incluso épocas, y eran cinco en total.

Se sentaron dispersos en ellas, Bluma sacó la baraja y se dispuso a barajarla con una maestría propia de todo un crupier.

La niña de cenizas se había relajado; se sentía extrañamente cómoda entre ellos, que la habían aceptado sin reservas. De pronto, le invadió la sensación de que eso era lo que ella había buscado tanto tiempo. Un lugar en el que sentirse libre de ser ella misma, y no tener reparos en reír. Estaba demasiado hastiada de tener que comportarse como si todo fuera bajo control, demasiado harta de todo lo que le esperaba fuera de la cafetería. La universidad a la que no había podido ir, las calles que le llevaban hasta su casa, y las que le conducían hacia el conservatorio que había dejado. Todo lo que había perdido, todo a lo que había renunciado y todo lo que jamás lograría alcanzar. Esos eran los fantasmas que la perseguían, y se sentía libre de ellos dentro de una cafetería. ¿Así de fácil? Los problemas no desaparecían tan sólo con entrar en un lugar agradable, pero al menos podía fingir que sí.

De modo que suspiró, estiró los dedos y se dispuso a darle una paliza a Garin. Con las cartas, por supuesto.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Miér Dic 31, 2008 10:05 pm

Pobre Garin, ya se hacía ilusiones U.U xD, me pareció un tipo simpático.

Citación :
-Garin, no puedes apostar con dinero si te lo has gastado todo en café.

No sé por qué, pero me ha recordado a una madre(más o menos), como si tuviese que estar pendiente de él por si se le ocurre algo...

Citación :
-Claro que no –concedió Noah de buen humor, sin tomarse muy en serio el amago de ultimátum del que Viola supuso que era el dueño del local- Nos pagas para mantener contentos a los clientes, ¿no? Pues esta clienta –explicó, señalándola con gesto teatral- nos ha amenazado con irse sin pagar sus cincos tes helados y las dos toneladas de azúcar si no la enseñábamos a jugar al póquer como es debido.[
-¡Estamos entre la espada y la pared! –concluyó Garin, culminando la frase con un alzamiento de brazos al cielo, es decir, al techo.

xDD me caen bien(pronto dejaré de decir esto, parece que no tengo criterio U.U, pero soy incapaz de hacer que me caiga mal un personaje)...
Bueno, no sé, sigue cuando puedas y... ¿espero que te comas todas las uvas?
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Miér Abr 08, 2009 7:49 pm

Siento mucho no haber actualizado en todo este tiempo u.u

Vengo con el comienzo del capítulo 4.



Un rayo triste de la mañana se coló por la rendija de la cortina. Bluma observó cómo se reflejaba la luz gris sobre aquella piel tan pálida entre las sábanas. Su cómplice. Su amiga. Ojalá durara para siempre.

Caroline dormía. Su pecho desnudo subía y bajaba suavemente, al ritmo de las olas en la orilla de la playa. Su enmarañado cabello oscuro brillaba tanto aquella noche, que ella no pudo retener el impulso de tocarlo. Se lo había dejado crecer. Cuando la conoció, lo llevaba a la altura de las orejas.
Ella despertó. Sus pupilas parecían charcos de almíbar. Sonrió un poco al verla allí, inclinada a su lado, con los ojos llenos de caricias.
—Buenas noches —musitó Caroline.
—Buenos días, en realidad —Bluma señaló el reloj de la pared con el mentón— Ya son más de las diez, gandula.
—¿Y cómo es que no estás en el trabajo? —protestó enseguida su compañera, todavía con la lengua pesada por el sueño y la sonrisa tirando de sus labios preñados. La poeta le tiró un poco del mechón de pelo que aún sostenía entre sus dedos finos.
—¿Es que no sabes ni qué día vives? Es sábado, no te preocupes —le tendió la taza humeante que tenía en la mano— ¿No tienes frío?

La chica se pasó una bata por encima y cogió la taza que le ofrecía. Se sentía como una niña cuando Bluma cuidaba de ella. Con gesto pensativo, dio vueltas al café que había dentro con una cucharilla. A Caroline le gustaba el café casi tanto como a Garin.
—¿Crees que a Noah le interesa Cenicienta?
La poeta se sentó a su lado, y miró hacia la ventana. El sol arrojaba una luz gélida sobre la calle, y el viento golpeaba de vez en cuando la ventana con fuerza. Qué día más feo.
—Seguro. Cenicienta tiene algo magnético, misterioso, aunque no inquietante. Y es excéntrica. En el fondo, ella es lo que siempre termina haciéndole sonreír. Aunque Noah no lo admitirá jamás.
Caroline le lanzó una mirada inquieta.
—¿Es guapa? —preguntó entonces. Los ojos de Bluma rieron, y le dio un beso corto y rápido, resbaladizo. Los besos de Bluma eran como pájaros que nadie podía enjaular.
—Mucho —sonrió con sonrisa de gato—. Pero no podría hacerle algo así… a Noah. Es un buen amigo.
—Claro, Noah es muy importante para ti —frunció el ceño y se cruzó de brazos, todo junto. Así estaba la primera vez que la vio, enfadada como una niña, con las mejillas incendiadas y empapada por la lluvia.
—Sabía que lo comprenderías.
—Tengo que ducharme —murmuró Caroline, sacándole la lengua. No tenían remedio. Ninguna de las dos.
Bluma se tendió en la cama deshecha de nuevo, y la miró mientras se iba. Cuando sus piernas se perdieron detrás de la puerta, sintió la punzada del miedo. ¿Y si no volvía a verla?
Sentía constantemente aquella punzada. Caroline tenía que aprovechar el tiempo. Ambas tenían que hacerlo.

¿Es irónico que las personas que más procuran aprovechar el tiempo sean precisamente las que carecen de él? Tomó la postal que descansaba sobre la mesa de noche. La Fontana de Trevi.
Algún día. De eso puedes estar segura.
Se llevarían tan sólo la guitarra, las libretas y la cámara de fotos. Y nada de maletas.

Bluma se echó a llorar en silencio, a solas. Escondida, mientras su novia entonaba una canción que sólo ellas dos conocían. Total, nadie más entendería del todo la letra…
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Jue Jul 02, 2009 2:57 pm

*.*
¿Y eso de que no tienen tiempo? ¿les ocurre algo? ¿O más bien sólo a Caroline? Mmmm. Chuuu ^///^, cada vez me cae mejor Bluma.
(: Cenicienta es Viola, ^^ lo sabía, pero tengo la sensación de que será una historia triste la suya, no sé por qué; ¿el título, quizás?
Y, por cierto, el último párrafo me encantó, no sé qué tiene, pero... drunken bueno, y los diálogos también, es que esas últimas frases no sé, ¿se me clavaron más?

Disculpa que no sepa cómo ayudarte, de verdad, pero tampoco es que sepa muy bien cómo hacerlo... Mmmm.

Citación :
Siento mucho no haber actualizado en todo este tiempo u.u
No te preocupes, mírame a mí, que llevo casi desde el segundo trimestre sin tocar demasiado el ordenador, y mucho menos el foro.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Dom Jul 05, 2009 5:32 am

Jaja, cuánto tiempo hacía que no te veía por aquí. Me ha hecho ilusión ver los comentarios (sí, no tengo remedio)

A decir verdad, la historia de Bluma y Caroline me gusta mucho, pero me parece que no es muy original. De todos modos, Bluma siempre será mi Bluma, y eso no hay quien se lo quite. Algo curioso, es que, desde que ideé el personaje, ya tenía claro que tendría una especie de novia (aunque no me gusta usar esa palabra). A veces me pasa con los personajes, desde que empiezo a plantearme cómo van a ser, hay cosas que sé que van a ser seguras, no puedo explicarlo. Simplemente, decido que es así, como si fueran personas, no hay marcha atrás en cuanto se me pasa por la cabeza. Tal vez no lo he explicado muy bien...

Bueno, voy a seguir un poco.

- - -

Noah se había acostumbrado a que Cenicienta apareciera todos los viernes y los martes por la tarde. Le gustaba aquella rutina, pero se estaba volviendo loco. Era viernes. Por la tarde. Casi anocheciendo. Y Cenicienta no aparecía, en realidad hacía dos semanas que no se la veía por allí. La sorpresa le atenazó cuando se dio cuenta de lo mucho que le molestaba que no viniera. Como si estuviera faltando a alguna citación prevista con antelación. Era absurdo.
Y, sin embargo, no dejaba de contemplar alternativamente la puerta y el reloj colgado en la pared.
—¿Cenicienta no va a venir hoy? —preguntó Garin a su espalda, en voz alta. Voz alta y voz baja, esa era la diferencia entre la escasa preocupación del poeta y el nerviosismo del pianista.
—Tal vez esté enferma —teorizó Noah con expresión malhumorada.
—O tal vez tenga vida propia —bromeó Bluma—. Bueno, sólo era una idea. Tienes mala cara, Noah.
—No me pasa nada —aclaró el aludido—. Voy fuera a fumar.
Noah se alejó entonces del corro que habían formado, molesto. Todos ellos deberían estar haciendo aquello por lo que les pagaba, y no tratando de psicoanalizarle. Menuda panda de vagos.
Salió a la calle, y hacía frío. Se apoyó con desparpajo en el muro y sacó una caja de cigarros del bolsillo del pantalón. Sin concentrarse demasiado en lo que hacía, la abrió, extrajo uno y lo sostuvo en la boca con los dedos índice y corazón. Todavía no lo había encendido cuando la puerta se abrió, se cerró, y Garin apareció a su lado como una visita non grata.
—Oye, la gente normal enciende el cigarro. Es difícil fumárselo si está apagado, pero tú inténtalo, que yo te apoyo. Me parece una buena reivindicación de tu individualidad. “El hombre que se quería fumar un cigarrillo apagado”. Es casi poético.

Noah le ignoró, pero sacó el mechero y quemó la punta del pitillo.
—Ah, pero tienes que dejar esa cosa, tío. El tabaco mata ¿no has visto ese anuncio en el que salen los pulmones carbonizados? A mí me llegó al corazoncito.
El pianista exhaló una bocanada de humo gris azulado, y observó cómo se elevaba lentamente hacia el cielo, formando zarcillos de formas caprichosas. Respondió sólo cuando desapareció del todo.
—De algo hay que morirse. No todos tenemos una excusa tan buena como los poetas. Vosotros tenéis la tuberculosis, pero, ¿de qué se muere un pianista?
—¿De artritis? ¿De gota?
—¿Alguna vez has oído de alguien que haya muerto de artritis? —sonrió Noah.
—Pero morir por fumar puede hacerlo cualquiera —reflexionó el poeta.
—Ese es mi mayor dilema.

—Bueno, de todas maneras es normal. La gente no está obligada a venir eternamente a las cafeterías, no hay ninguna ley que lo diga. Pero debería haberla. Tengo que reconocer que era interesante filosofar con ella. Sus ideas eran muy interesantes, quizás le robe alguna.
—Me encanta tu código moral —repuso el pianista dando otra calada— ¿Y cuándo hemos dejado de hablar de la industria tabaquera?
—Cuando me di cuenta de que no te haría cambiar de opinión respecto a los peligros del tabaco. Bueno, ella es músico, no creo que le importe que utilice sus palabras.
Otra nubecilla de humo. Una mirada perdida.
—Tardaste en darte cuenta.
El cielo se estaba tiñendo de un naranja intenso y profundo. Un par de nubes se deshicieron por el viento, dejando una estela que a Noah le recordó a un algodón de azúcar mojado. El color del cielo debía de guardar algún secreto, seguramente en el cajón donde se guardaba al sol en el ocaso.
—¿Te refieres a lo del tabaco, o a lo de que ella es músico? —inquirió un confuso Garin, que se había acabado extraviando en algún punto de la doble conversación. Eso es lo que pasa cuando hablas de dos temas a la vez y tu cerebro apenas puede concentrarse en uno.
—A ambas cosas.
—¿Es que tú lo supiste antes?
—Me di cuenta en cuanto entró por la puerta.
—¿Cómo? ¿Le echaste las cartas?
—Cenicienta... siente la música de un modo increíble. Y creo que eso ocurriría con cualquier tipo de música, ella la ama. Lo aprecié incluso desde el simulacro de escenario que tenemos.
—¿Por qué?
Noah tardó un poco en responder. Se había sumido en el recuerdo del primer día que la vio, lo cual fue tres días antes de atreverse a hablar con ella.
—Cerraba los ojos sin querer.

Y no dijo nada más, porque tampoco tenía nada más que decir. Eso era todo.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Vie Jul 10, 2009 2:56 pm

Citación :
—Oye, la gente normal enciende el cigarro. Es difícil fumárselo si está apagado, pero tú inténtalo, que yo te apoyo. Me parece una buena reivindicación de tu individualidad. “El hombre que se quería fumar un cigarrillo apagado”. Es casi poético.
xDDD
Citación :
—Ah, pero tienes que dejar esa cosa, tío. El tabaco mata ¿no has visto ese anuncio en el que salen los pulmones carbonizados? A mí me llegó al corazoncito.
Ja ja ja, qué personaje xD

Ais, qué gracioso y tierno se veía a Noah esperándola, creo que me habría encantado ver el teatro *.*. Bueno, me conformo con la historia ^^
Por cierto, ¿qué le pasará a ella? Le gustaba ir, ¿por qué ya no va?
Por cierto, uno de los mejores momentos que he leído(ya no sólo de esta historia, si no de todo lo que he podido leer):

Citación :
—Cerraba los ojos sin querer.
*¬* No se me ocurre qué decir. Lo siento, es bonito.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Sáb Jul 11, 2009 4:20 am

Jaja, a mí también me parece que Garin es un personaje muy curioso. La mitad de las veces ni yo misma lo entiendo, pero me gusta mucho escribir los diálogos en los que él interviene.

Te agradezco lo de que es uno de los mejores momentos que has leído, pero supongo que exageras para contentarme. De todos modos, da resultado, ja, ja.

Si quieres verla en el teatro, hacemos una gira por toda España en Septiembre, las entradas son carísimas y estamos muy solicitados. Somos lo más innovador de lo que hay en el teatro Cool (Es broma, no creas ni una palabra de lo que diga yo, puede ser peligroso para tu salud mental, y supongo que le tienes mucho cariño)

Bueno, sigo...

- - -

Noah se volvió hacia Garin, pero éste se había esfumado. ¿Le había dejado hablando solo, o tuvo la amabilidad de esperar a que terminara de hablar para pasar olímpicamente de él? Se echó a caminar, con la cabeza en la luna, o más lejos.

Pasas demasiado tiempo en esa cafetería. Seguro que eres la única persona en el mundo que se queda en el trabajo más tiempo del que le pagan, voluntariamente.
Eso le había dicho Petra, el único ser humano medianamente normal con el que mantenía una relación de amistad fuera del trabajo. Era la hija responsable del hombre que le alquilaba la casa —un hombre bajo, regordete y calvo de piel rosada, con unos ojos audaces como los de un zorro detrás de unas gafas de culo de botella—. Lo de hija responsable porque tenía otras dos hijas, llamadas Bettina y Martha. A pesar de tener nombres bastante más civilizados que Petra, estaban de atar. Bettina era una adolescente tocada del ala que cualquier día acabaría matando a su viudo padre de un ataque cardíaco. Martha, la melliza de Bettina, era, como poco, más desesperante que ella, ya que por algún motivo que no llegaría a conocer jamás, se había “enamorado locamente” de él, y estaba seguro de que su padre era capaz de echarle sin reparo alguno con tal de alejarlo de su atolondrada hija.

De modo que Petra, aunque su padre consideraba una terrible desgracia que vistiera tirando para punki y se hubiera teñido el pelo de negro y azul, era la única que no estaba desquiciada, neurótica y encaprichada de las tres hermanas. Y la única que hacía uso de sentido común en toda la familia al completo. Para ella, Noah era como el hermano que nunca tuvo —el hermano menor, para ser exactos—, aunque él era un año mayor que ella en la práctica. Sea como sea, ella trataba a todo el mundo como si fuera menor, y realmente uno se sentía un niño a su lado. Decir que Petra sí estaba cuerda también era exagerar bastante la situación, pero al menos lo estaba más que el hombre del parque que tocaba el violín única y exclusivamente para deleitar a las palomas, hombre con el que Noah había trabado una extraña pero profunda amistad.
—Tú eres un imán para la gente rara —le repetía Petra continuamente.
—No entiendo por qué lo dices.
—Primero: has venido a vivir a la casa que alquila mi padre, y en el mismo edificio que sus hijas, y tienes que reconocer que nuestra familia no es precisamente de postal. Segundo: trabajas en el lugar más excéntrico que puedas encontrar en todo Berlín, con un jefe al que no le importa que os pongáis a jugar al póquer cuando os viene en gana. Tercero: Lo del violinista de las palomas. Cuarto: el cafemaníaco de tu amigo el poeta. Quinto: La chica a la que no le gusta la palabra poetisa, y por tanto dice que ella es poeta, que huyó de su ciudad con su novia. Sexto: La camarera con mala leche. Séptimo: La niña que de la rana. Octavo: El de la tienda de discos, ese que sería capaz de recitarte de memoria todos los grupos de rock habidos y por haber, y, si le apuras, hasta sus discos. Noveno: La chica que cierra los ojos cuando oye música y se hace llamar Cenicienta.
—La gente rara atrae a gente rara. No tiene más ciencia —había respondido él, siguiéndole el juego...

—Qué bonito —murmuró una voz detrás de él, arrancándole del trance y soltándolo en el suelo, para que tropezara de bruces.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Jue Jul 16, 2009 11:37 am

Citación :
De todos modos, da resultado, ja, ja.
xDD No, en serio, me gustó mucho (:
Citación :
Si quieres verla en el teatro, hacemos una gira por toda España en Septiembre, las entradas son carísimas y estamos muy solicitados. Somos lo más innovador de lo que hay en el teatro (Es broma, no creas ni una palabra de lo que diga yo, puede ser peligroso para tu salud mental, y supongo que le tienes mucho cariño) :Cool:
xDD ^^
Citación :

Bettina era una adolescente tocada del ala que cualquier día acabaría matando a su viudo padre de un ataque cardíaco. Martha, la melliza de Bettina, era, como poco, más desesperante que ella, ya que por algún motivo que no llegaría a conocer jamás, se había “enamorado locamente” de él, y estaba seguro de que su padre era capaz de echarle sin reparo alguno con tal de alejarlo de su atolondrada hija.
O_o

Wao, cuando se ha puesto a decir la lista de personas raras que conoce me he quedado un poco :madre mía, pocas no son:
¿Entonces ya se fueron Bluma y su novia?
¡Ah! Aquí, creo que sobra el que, pero nada más, o a lo mejor le fata un verbo después del que... Bueno, no sé, el caso era que me sonaba un poco rarilla la frase, pueden ser paranoias mías ^^.
Citación :
Séptimo: La niña que de la rana.

Citación :
—Qué bonito
No sé por qué, pero creo que no es Cenicienta, ¿tal vez Martha?
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Jue Ago 20, 2009 8:24 pm

No, Bluma y Caroline siguen en su ático. Si algún día se van, eso ya lo veremos. Y tienes razón, es "La niña que cuidaba de la rana", es que lo copié de una versión sin corregir del portátil... Prefiero estar en mi sobremesa lento y carcamal, a parte de que tiene las versiones correctas, es más interesante xD (Aunque me vuelve loca, eso sí)

Siento haber estado tantísimo tiempo sin actualizar, pero es que estaba por ahí... xD

. . .


Noah se volvió y esbozó una media sonrisa. Cenicienta miraba cómo el sol caía sobre los edificios con un extraño brillo en los ojos. Parecía contenta, pero había algo en las comisuras de la sonrisa que denotaba tristeza, o tal vez preocupación.

-Lo curioso es que se pone el sol todos los días, pero aun así nos asombramos cuando lo vemos.
-¿Fumas, Noah? -preguntó entonces, visiblemente sorprendida.
-¿De qué quieres que me muera, si no?
Ella pareció pensarlo seriamente. Luego sacudió la cabeza.
-Supongo que estrangularte con las cuerdas del piano sería demasiado enrevesado.
-Bueno, es una posibilidad.

* * *

Viola tenía las cartas en las manos, pero estaba tan enfrascada en el debate con Garin y Bluma que apenas prestaba atención. O eso aparentaba.
-Cenicienta, la poesía en general trata de mentir bonito, pero hay cosas y cosas.
-Garin, por mucho que tantos autores juren y perjuren que el primer amor es el mejor de todos, seamos sinceros, el primer amor es en muy contados casos el de toda la vida.

-Pero siempre es aquel con el que se comparten los recuerdos -sentenció Bluma.
-Tal vez, pero eso no siempre significa que ningún amor después sea verdadero. Además, no puedo asegurarlo, pero estoy convencida de que tiene que haber más. ¿Acaso no es nuevo cualquier amor, sin importar el orden en el que haya aparecido? Otra cosa, si la primera persona de la que te enamoraste comparte recuerdos importantes para ti... Es mejor no perderla, ¿no?

Viola estaba convencida. Dio otro sorbo al té helado y añadió.
-Escalera de color. Gano de nuevo.
Noah, Garin y Bluma la miraron atónitos.
-Por cierto, todavía no sabemos tu nombre -dijo la poeta pelirroja.
Ella sacudió la cabeza.
-Cenicienta -indicó, y después miró a su reloj- Es tarde, debería irme.

* * *

Derek le abrió la puerta cuando ella iba por el undécimo golpe en la madera, y Viola entró como un torbellino. Se saludaron apenas con la mano y ella fue directa a la habitación de él, donde empezó a quitarse la ropa con prisas.

Derek Weigel había sido su amigo desde los quince años, su mejor amigo, en realidad. Pasaban la mayor parte del tiempo juntos. Él estaba en un grupo de música que tocaba rock y punk, y tenía la vida más desordenada del mundo. Sus ojos eran azul satinado y vestía de negro. Cuando se conocieron se examinaron mutuamente, como quien examina a un enemigo en potencia, y después del detallado informe que redactaron en sus mentes, una confianza extraña pero más cierta que cualquier otra cosa empezó a enlazarnos.

Derek adoraba la música, al igual que ella. Habían escogido ramas distintas que interpretar, pero su amor por ella era igual. A su manera, eran idénticos. Los primeros meses hablaron de todo, desde libros raros a política, y a los diecisiete empezaron a salir. Derek era la persona que más conocía y apreciaba a Viola. Viola era la persona que más comprendía a Derek. Se necesitaban mutuamente, se buscaban desesperadamente el uno en el otro. No hacían planes, simplemente se dejaban ir juntos. Cumplieron dieciocho años, cumplieron diecinueve. Y entonces, de pronto, dejaron de buscarse el uno en el otro. Creo que fue el futuro. El futuro siempre nos amenaza. Pero eran incapaces de separarse, de decir: Se acabó.

Derek pasó al lado de su amiga semidesnuda y abrió el armario, buscando la tapadera que había ido a buscar. Lo bueno de los amigos era eso. No importa el camino que tomes, lo seguirán siendo aunque no te acompañen.

Viola miró el libro que estaba sobre la cama
-"Por favor, mátame". ¿Cuántas veces lo has leído ya? ¿Tres?
Derek rió desde el interior del vestidor.
-Bueno, un músico que se precie tiene que conocer la historia de lo que toca, ¿verdad?
-Creo que ni los Clash se conocían tan bien la historia del Punk como tú. Sid Vicious estaría orgulloso de ti.
-Seguro que tu amado bajista de los Sex Pistols nunca tuvo que esconder la ropa de una amiga para que ella pudiera presentarse ante sus padres decentemente -aseveró, tirándole una sosa blusa y unos pantalones de lino.
-Vamos, seguro que en esa época los padres no eran tan conservadores como los míos -respondió Viola, mientras metía la cabeza en aquel saco de tela y le daba los desgastados vaqueros, la camiseta roja con agujeros y las botas pesadas.
-Retrógrados, Viola, la palabra es retrógrados -le corrigió su amigo, internándose de nuevo en el vestidor para ocultar la prueba del delito. Una vez dentro giró a la izquierda y abrió el armario pequeño y poco llamativo que había empotrado en la pared, en el que guardaba la ropa de la chica.

-No sabes la de problemas que me ha acarreado guardarte la ropa estos años. Cuando aún vivía con mis señores progenitores, mi padre encontró una falda entre mis cosas. No sabes cómo se mosqueó.
-Me has contado la historia, Derek -protestó Viola.
-Me preguntó que si la ropa era mía o había traído a una chica a casa -prosiguió él, ignorándola por completo.
-Y tú le respondiste...
-Que era mía, por supuesto. Si se hubiera enterado de que había traído a una chica me habría matado.
-No sabes lo que me ha ayudado que hayas incluído en tu nueva casa un armario para mí solita.
-La cara de mi padre era un poema -se rió él de nuevo.
-Bueno, tengo que irme.
-Espero que no te vea la gente salir de mi casa con esa ropa de monja. Tengo una reputación que mantener.
-Yo también te quiero, Derek.
-Adiós, Viola. ¿O debería decir Cenicienta?
-A-diós. -silabeó ella.

Derek Weigel se quedó a mirar cómo se alejaba unos segundos antes de cerrar la puerta.
Pero no se lo digas a Viola. Es un secreto.
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Mar Sep 08, 2009 6:06 pm

Hmm creo que Derek me caería bien, a lo mejor es un poco... pesado no, hmm, repetitivo tampoco, bueno, algo así, pero parece muy majo, me gustan sus preferencias por la música.
Me ha gustado el "debate" del principio.
Citación :

-¿Fumas, Noah? -preguntó entonces, visiblemente sorprendida.
-¿De qué quieres que me muera, si no?
xDD

Ahora que lo pienso, creo que me habría encantado ver esto adaptado al teatro *o*
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Dom Sep 20, 2009 2:25 am

Derek es uno de mis personajes favoritos de esta historia, aunque sea un poco tópico.

Sigo...

- - -

Caroline estaba sentada en una mesa de la cafetería, con su corto pelo negro rozando los auriculares. Acababa de graduarse en el instituto, y de pronto se dio cuenta de que no sabía qué hacer a partir de entonces. Siempre había pensado que iría a la universidad, pero no iba a perder el tiempo en algo que no podría terminar; era de las que nunca dejaban las cosas a medias, menos la vida.

Miró fijamene su taza vacía, que aún estaba prendada del aroma a capuccino. Olía diferente al café normal, a canela, a nostalgia. Caroline no recordaba cuándo había empezado a gustarle el café, ya que pocos meses antes lo detestaba. Junto al pequeño plato que se encontraba bajo la taza alguien había escrito unas frases que le habían llamado tanto la atención, que se sentó en esa mesa sin dudarlo (era, al fin y al cabo, una buena mesa).

"Hemos estado tanto tiempo guardando nuestras almas bajo la almohada, que no vemos el cielo. Miramos los ángeles y no vemos nada."

Se había enamorado de aquellas palabras. Hacía tres días que se sentaba en aquella mesa a beber capuccino y blues, y rock. Porque también bebía música, era su agua. Bebía su capuccino, escuchaba música y se marchaba una hora después. Habían pasado cincuenta y nueve minutos, pero quería esperar un poco más, no sabía a qué. Lo averiguaría poco después.

Una chica de cabello rojo, cuyos rizos cabalgaban sobre sus hombros, se sentó frente a ella, en la misma mesa, con sus propios cascos sobre sus oídos.
Caroline se la quedó mirando un minuto. Luego decidió que era momento de abrir la boca.
-Perdona... -se dio cuenta de que la desconocida no le escuchaba, así que movió la mano delante de sus ojos hasta que ella se quitó los cascos para escucharla, sorprendida- ¿Por qué te has sentado aquí?
Ella la miró directamente. La forma de sus ojos era muy llamativa, eran unos ojos saltones pero sensuales y directos, sin titubeos de ninguna clase en ese mundo verde. Caroline enrojeció un poco, sin saber muy bien por qué.
-¿Qué escuchas? -preguntó ella de pronto, como si se hubiera acordado de algo.
-¿Cómo? -inquirió Caroline, confundida.
-Es una pregunta fácil -respondió, sin hostilidad en la voz, sólo constatando un hecho.
-Hmm... Bob Dylan.
-He ahí a un buen poeta.
-¿Qué escuchas tú?
-A los Rolling.
-Son buenos.
-Sí, lo son.
Caroline se quedó de nuevo en blanco, hasta que al final reaccionó.
-¿Pero por qué te has sentado aquí?
-Porque es mi mesa.
-¿Tu mesa?
-Eso es.
-Pero soy yo la que está sentada aquí.
-No te preocupes, no me importa compartirla contigo -anunció, en tono paternalista.
-Vaya, gracias, eso es muy generoso de tu parte.
-¿Verdad que sí? -algún pensamiento le descosió una sonrisa de sus labios difusos.
-Entonces, esta mesa es tuya.
-Así es.
-¿Y quién escribió estas frases? -preguntó, curiosa.
La desconocida sonrió de nuevo.
-Nadie.
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Blessure Saignant Souffrí
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MensajeTema: Re: El cuento triste de Noah y el muñeco de nieve   Lun Oct 05, 2009 9:12 pm

Qué cara se le tuvo que quedar a Caroline xDD, fue una escena muy curiosa, igual que la chica de los rizos (-Porque es mi mesa//-No te preocupes, no me importa compartirla contigo -anunció, en tono paternalista.) xD
Ahora que lo pienso, y sé que no viene a cuento, en tus historias, al menos estas dos que están en el foro (Búhos y El cuento...), manejas muchos personajes, es decir, como muchas mini historias (o las vidas de esos pjs) que se unen en otra (¿se me entiende? o_O?)...
Nada, era algo que me ha saltado de pronto ^^''.

¡Hasta pronto!
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